Así como en aras de nuestra competitividad comercial, el Estado promueve el consumo y exportación de nuestros productos-bandera (entiéndase por eso, los productos que sabemos defender como la maca, la papa, los textiles, la alpaca, así como los que otros países saben defender mejor que nosotros como el pisco y la marinera), creemos importante afianzar eso que nos une como peruanos a través de algunos personajes-bandera que con su improvisada y transparente forma de repartir choledad, nos regalan algo que siempre buscamos sin éxito en nuestro afán de promover desigualdades y diferencias: una identidad folclórica, atrevida y entrañable.

Don Jaime, el taxista peruano
El taxista peruano es uno de nuestros queridos personajes-bandera, y desde aquí le ofrecemos nuestros honores a ese mártir que sacrifica sus nalgas -decentemente, claro- por los peatones.
¿Qué cosa? ¿Que usted no se une a nuestra admiración? ¿No fue acaso todo un éxito televisivo Chuimán y sus avatares en Taxista Ra-Ra? No se apresure en juzgarlo sin antes ponerse en sus zapatos. A continuación, le presentamos algunas premisas que todo buen taxista debe seguir para sobrevivir en el asfalto de nuestra ciudad y no morir en el intento. Como bien dice el Grupo Caña Brava, “que levante la mano” quien, a su manera, no ha hecho nunca lo que un buen taxista siempre está preparado para hacer:
1. No espere que el peatón lo llame; convénzalo de que caminar es de lornas.
El truco para ser un buen taxista se basa en la adaptación de la frase: “Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. Igualmente, sucede en su oficio: Si el pasajero no pide el taxista, el taxista pide al pasajero. Insista, ruegue, implore, seduzca. Si una señora voltea y mira su vehículo, estaciónese a su lado, saque el rostro por la ventana y pregunte “¿Taxi?”. El tono de su voz es clave y no debe usted ahorrar esfuerzos en convencer al peatón de que caminar es para los cojudos. Ya verá usted cómo lo sensibilizará y se ganará un pasajero más.
2. El espejo retrovisor no debe ser usado como espejo, bajo ninguna circunstancia.
El mundo de un buen taxista sucede al frente del volante, nunca atrás. No debe importarle en lo absoluto si una fila de automóviles, una ambulancia o la mismísima policía le tocan el claxon. Recuerde, usted es taxista, los parámetros y las normas inflexibles de tránsito no fueron hechas para usted. El caché para ser un buen taxista es fingir que su espejo retrovisor no tiene una función para el chofer y que fue inventado solo para colgar los zapatos de su menor hijo, un CD de reggaeton o alguna estampita magullada que su madre le pueda haber regalado.
3. Las luces direccionales son para amanerados. Sea hombre, ¡use la mano!
Si se encuentra, por esos azares del destino, en el carril derecho (¿en nuestras calles existen los carriles?) y se da cuenta -tarde, pero se da cuenta- de que debe voltear en U a la izquierda, no se preocupe. Relájese. Saque la mitad de la mano por la ventana y gire el volante. Trate de no mirar atrás, ello le borrará cualquier tipo de remordimiento o vergüenza por los carros que van detrás de usted. Las luces direccionales han sido creadas para las señoras. Usted es un taxista y, encima, es varón. No se confunda.
4. Finja que el pasajero puede regatearle el precio y traiciónelo: Oiga, Ud. es taxista, no negociador.
No tenemos que recordárselo: la calle es dura, y los pasajeros, también. Como no puede elegir a su pasajero porque corre el riesgo de que uno de los 38 vehículos que le siguen acepte los 4 soles que el descarado peatón solicita para su ruta San Miguel - Chacarilla, finja que le parece un buen precio, muestre un corazón blando y deje entrar al sujeto a su cubículo rodante. A partir de que esa puerta se cierra, los derechos del otro terminan. Decida la ruta Ud. o sume cifras a lo acordado: si a la señora temerosa no le gusta la Costa Verde de noche porque cree que le caerá una piedra, entonces cóbrele 3 soles más por el paseito en el malecón; si la mancha de estudiantes universitarios pifea porque Ud. tomó “accidentalmente” la ruta con más tráfico, cóbrele 2 soles más por cabeza por el tiempo que el carro apagado en mitad de la Vía Expresa la hace perder a Ud; si a la pareja de enamorados alemanes no le gusta el hospedaje de estrella y media que Ud. con sencilla gentileza les sugirió en Lince, entonces cóbrele 10 dólares más por llevarlos al Miraflores Park Plaza. Ya está, todo solucionado. Su inversión siempre es recuperable.
Por último…
5. Asuma la ley del analfabeta motorizado: los letreros no dicen nada importante.
Esos caprichos sin argumento de las municipalidades por colocar letreritos insulsos en su camino, no pueden ser obedecidos. Aunque es muy probable que Ud. sea ingenierio industrial, abogado, periodista o médico cirujano -sin suerte en su profesión por el momento-, nada le obliga a leer lo que en esos letreros se le exige, ni mucho menos cumplirlos. “Prohibido paradero”; “No estacionar, salen carros”; “No voltear a la izquierda”; “Np exceder los 60 kilómetros p/hora”; “No tocar el claxon”… por favor, no que en este país se necesita tolerancia? Eso de estar limitando su ruta, su buen proceder y -sobre todo- su criterio de amplia experiencia con prohibiciones exageradas, no va con Ud. Un buen taxista sabe decidir, la calle es su territorio, sus 200 millas, su patrimonio histórico.
Señor taxista,
Con su esfuerzo tenaz y gran estilo, Ud. hace de nuestro camino al trabajo, a la casa de nuestra enamorado (a) o al evento recreativo de turno una experiencia inolvidable. Por un lado, nos ofrece su cháchara informada sobre los temas nacionales e internacionales de turno, las mejores estadísticas, las críticas más agudas y predestina el futuro de nuestra nación con un descaro envidiable. Por otro lado, su paseo es un encuentro cercano con la muerte: con cada cruzada en “rojo”, obliga a nuestra mente a reflexionar sobre el valor de nuestra existencia; con cada frenada intempestiva, promueve que recordemos el verdadero valor de nuestro hogar; cada vez que su Station Wagon amarillo o blanco aparece en nuestro camino y cierra nuestro andar de pronto, logra que perdonemos a nuestros peores enemigos y atesoremos cada día que pasa como si fuera el último.
Gracias, Don Jaime, por hacer de nuestro día a día, una aventura única.
Bueno, recordemos además que el taxista es uno de los pocos peruanos que se da el lujo de rechazar chamba:
- Maestro, cuánto me cobra hasta XXX?
- Ah, para allá no voy.
Exacto.
Es justamente esa cuota de poder la que el taxista usa como estrategia de sobrevivencia. Tantas horas sentado en esa rejilla de alambre y con la frustración perpetua de perder decenas de pasajeros diariamente, necesita urgente una dosis de poder.
Gracias, Rojo. Para agregar, entonces…
(6. Muestre que tiene el orgullo del tamaño de un camión: cada media hora, dése el lujo de rechazar pasajeros. Utilice cualquier criterio discriminatorio que se le ocurra para soltar un déspota “allá no voy” y apretar el acelerador. Si gusta, puede combinar esta treta con una sonrisa displicente: eso acabará con su víctima y habrá Ud. ganado terreno en la arena asfaltada.
Inmediatamente, su ego recuperará varios puntos (y su billetera perderá otros cuantos).
De cuando acá un taxista es DON ????
Don mi papá, don tu papá, don el panadero que te vende el pan francés más rico del perú.
Pero el taxista???
El taxista este vesteconche
o bestianimal.
Al punto 1 “No espere que el peatón lo llame…” agregaría que, además de preguntar “taxi?”, previamente el señor taxista habrá llamado la atención de su cliente potencial (o próxima víctima) con un sonoro y alegórico claxon (el más característico es el que suena “fiu fiu” como un silbido).
Al parecer, esta oda al taxista ha despertado sentimientos de furia en algunos lectores. Planteàbamos la idea de un “don” en tanto nos parecía que el taxista, aunque estereotipadamente peligroso, temerario, irresponsable e inescrupuloso, ocultaba una naturaleza errónea e incomprendidamente servicial y bonachona. Una incoherencia de nuestra choledad que un buen “don” podría subsanar…
Pero Chuto, no olvides tampoco lo mejor del taxista: su absoluta sabiduría, consejo y filosofía para cualquier problema que te aqueje! De allí el dicho “sabiduría de taxista”. ¿O hay alguien que no haya recibido consejo gratuito -parte del viaje- del “don”? Una que nunca voy a olvidar es una vez que fui a dejar a una ex a su casa en taxi, previo arreglo de la ruta “maestro, un viaje a Y pasando por X”, dejando a la gorda en su casa con una leve discusión y un beso para no quedar peleados, le digo al taxista “bien dicen que mujer que no jode es cabro” a lo que el “don” me replica “sí, eso o está jodiendo a otro”. ¡¡¡¡MAEEEEESTRO!!!!
Qué buen post, impresioante. El taxista es parte de nuestras vidas, es genial. En serio, gracias.
a mi me desconcierta cuando me preguntan ‘cuanto pagas’ ?
casi no tiene sentido, pero por alguna razon no soy capaz de decirle al taxista un precio inferior al debido, como si me estuviese exprimiendo la informacion al hacer esa pregunta, o algo asi. facil es un metodo de interrogacion de la cia. o facil no, quien sabe.
A mi me gusta los taxistas, cuando llego a Lima me actualizan en ese trayecto aeropuerto -casa. En casi 40 minutos te cuentan la situación laboral, económica, social, cholywodesca, y por supuesto turista de la ciudad.
Te dan su tarjeta, te dicen -las 24 horas a su disposición señorita- muestran todos sus papelitos de seguridad.
Y los días sucesivos conoces mas, xq subir a un autobús es inpensable…..
El señor taxista te resuelve absolutamente todo, si no sabes donde comer el te lleva al mejor lugar, aunque el nunca comiera allí xq le resulta una cena para dos, el sueldo de dos días.
Si quieres ir a bailar te pasea por las mejores discoteca esperando que te decidas, te hace un recorrido x todas ellas, te muestra lima y su luces nuevas….jejeje y si le das un poquito de confianza es un libro, con tantas historias……
Yo después de un par de semanas invite almorzar a mi taxista, un señor de unos 50 años, en ese restaurante al que me dejo la primera vez, y con una sobremesa de mas de dos horas una de las experiencias mas gratificantes en mis visitas a Lima.
(claro que tuve que soportar la mirada de todos los camareros ¿que hace una señorita de veintitantos con un viejo calvo y encima ella paga,? escuche a una camarera…jajaja)
Mi viejo tenía una técnica muy buena para encontrar una carrera barata y segura, primero paraba un taxi y de frente a boca de jaro le preguntaba al taxista ¨cuanto me cobras (desde Surquillo) hasta Jesus María¨ pero al mismo tiempo yo o mi mama ( ya adiestrados con su estratégia) sacabamos la mano para parar otro taxi que en forma amenazante y competitiva se estacionaba justo detras del primero.
El taxista, alertado sobre la clara y presente amenaza profiere un precio que mi padre respondía con dos tipos de respuesta, la primera era si le parecía muy caro…¨no ni hablar…¨o la segunda ¨ no pues ¨ y pedía rebaja de 2 soles que al final el taxista presionado por la su competidor y mi padre aceptaba la tarifa negociada.
Sin embargo existía una contrapregunta que ponía en jaque a mi padre…el clásico..¨pero cuanto paga usted pe`s maestro¨…mi padre con ojo avizor y experimentado dudaba sobre la respuesta debido a que muchas veces el taxista quien ya había puesto en primera velocidad el carro sólo hacía la pregunta para rematar la respuesta de mi padre con ..¨con ese precio que te lleve tu mama conche..o H de P¨ , lo cual ponía de mal humor a mi old man..y al final de cuentas los paganinis de lo ocurrido era mi madre y yo quienes soportabamos el mal humor de mi padre..toda la travesía.
Saludos.