De nuestra consideración:
Nos dirigimos a Ud. con la intención de comentarle nuestra inquietud en torno al rol que tiene su Ministerio en estas fechas tan propicias como las del Amor y la Amistad.
De sobra sabemos que el santo Valentín del siglo XII y el niño desnudo con flecha en mano no comparten absolutamente ninguna similitud con nuestra fiesta, y no tendríamos que ser muy analíticos para caer en cuenta de que no hay referentes del amor propios ni reproducibles del amor cholo, salvo aquella mezquina frase al de origen serrano con su “más te pego, más te quiero” que rogamos a Sarita Colonia pueda ser desterrado cuanto antes del imaginario colectivo y ahorrarnos así justificaciones de violencia doméstica.
¿Hay otros referentes del amor en Lima?, nos preguntamos. Los más característicos: el barranquino Puente de los Suspiros como espacio post-virreinal y el Parque del Amor como encuentro de la Lima miraflorina con la Lima de periferia en pleno centro metropolitano: un delicioso encuentro de mundos que refleja nuestra limeñada contemporánea. Víctor Delfín nos retrata en esa pose amorosa de la estatua como los exponentes de un sentimiento más mundano que el que Cupido y su desnudez renacentista tratan de exhibir: es un abrazo fogoso, una envoltura de manos grotescas, una espalda sudorosa encorvada sobre otro cuerpo rendido.

Allí, señor Ministro, algo grita peruanidad. Ahí no hay flor, caja de bombones ni globito de helio que mande. Es el césped, una buena banca o un sitio al lado del Padre Martín en las cocheras de la Costa Verde y listo, Feliz Día del Amor y la Amistad y del alguito más. Ah, sí, porque en el Perú, que quede claro, nuestro San Valentín es una vinculación indivisible entre el amor romántico y el sexual, entre el Puente de los Suspiros y el Parque del Amor.
Si bien sabemos que su despacho poco o nada tiene que ver con los cambios simbólicos y culturales que encierra el camino hacia una identidad más sólida, nos llama la atención cómo el Estado actúa (o sobreactúa) en estas fechas en su rol preventor en las contiendas del amor (más allá de sus operativos de sanidad en hostales tan importantes como el “Ampay San Valentin” que libra a la ciudadanía de sábanas impuras).
Nos referimos a la campaña que su Ministerio difunde desde hace un año por estas fechas contra las infecciones de transmisión sexual: “¿Tienes la cabeza caliente?” y “La señora domina la redonda” (por favor entrar a los links y ver los videos).
En el caso de este primer intento sensibilizador, aplaudimos la variedad e inspirada constelación de situaciones, personajes y momentos donde las cabezas están sinceramente calientes: la adolescente escolar con uniforme gris hacia el chancón guapo de la clase; el muchacho que en cuanto paradero haya busca una mirada retrovisora y un poco más de la vedette en las fotos de los diarios; la pareja sola en casa y el sillón como ring de boxeo abierto: el mensaje es consistente, aparece un preservativo y zas, se acabó el capricho, la prueba de amor necia.
Aunque creemos, señor Ministro, que no era necesario ejemplificar a tal punto el típico engaño del varón con el cuento de “la cabecita nomás” en su afiche, desde esta humilde tribuna, entendemos la desesperación y aprobamos el genial recurso.
Lo que francamente sorprende es esta segunda vía del mismo mensaje dirigido a la plana adulta. Esta vez se trata de una pareja de casados o convivientes, cuya protagonista es una mujer que “cabecea” grotescamente un preservativo aún sin uso.
Pero es allí cuando la inspiración del primer anuncio se agota, no hay un esfuerzo por sensibilizar seriamente; de pronto, el mensaje se vuelve machista, socarrón, simplón, perturbador.
Uno, ¿no estamos ya hartos de que pongan a nuestras madres como las eternas amas de casa cocineras maternales? Dos, ¿no es el recurso del fútbol una argucia demasiado trillada como para vincular nuestra cama con la imagen de la Foquita Farfán corriendo tras el balón o iniciar una sesión amatoria pensando que el Puma Carranza nos inspira en la faena? ¿Es que acaso el varón está tan futbolidiotizado que la letra ya no entra con sangre sino con un balón? Y tres, ¿por qué le dejan la tarea de sensibilizar a la mujer sobre el uso del condón? ¿Por qué el mensaje no se envía a la pareja por igual, por qué ella tiene la responsabilidad de conocer los pasos para colocar el condón, los síntomas a ser reconocidos en el cuerpo ajeno y hasta de garantizar la salud pública del marido? (Ver afiche del MINSA).
No es nuestra intención boicotear su masiva campaña anual ni obstaculizar su labor preventora, menos en estas fechas en donde sabemos de su importancia, pero sí cumplimos en aconsejarle al respecto del aporte que desde su despacho otorga a nuestra confundida pero próspera educación sexual; pues, sinceramente, señor Ministro, así no juega Perú.
Atentamente,
Choledad Privada
Y si no, Señor Ministro, dedíquese a tiempo completo a sus cuentos para niños.
Y a sus películas…
lo mas cholazo de tu post son las doscientas etiquetas que le has puesto. Amigo, aprende a etiquetar.
Lo dice alguien cuya etiqueta con mas entradas es “Momentos de Estupidez”.
No me hagas caso.
Existía esta campaña?
Bueno, felizmente aprendi en el colegio con el curso de Educación Sexual.
Nos vemos
hola busco chica q quiera salir conmigo y disfrutar de una noche de pasion y de mucha gosadera