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Bien Taypá

¿Seré un Mil Oficios y no lo sabía?

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¿Quién no se acuerda del “dígame, licenciado” de Los Loquitos en la caricaturesca forma de ver Méjico que tenía Chespirito? Quizás porque en el Perú los Licenciados no son gran garantía de algo, “licencear” no es una costumbre pero sí la titulación oral pseudonobiliaria que, como un verdadero “honoris causa” urbano, alienta nuestro ego de cuando en cuando. Por eso, caminar por las calles de Lima puede convertirse en una empapada de ascensos sociales si uno (se) escucha bien. En menos de cuatro cuadras uno puede pasar de jefe, a doctor, luego a maestro y después a ingeniero sin haber tocado nunca la Universidad ni haber enseñado más que a la sobrinita una suma de dos dígitos. No nos referimos precisamente a Azángaro y los mágicos títulos universitarios que fabrican en ese lugar sino a algo particular que aflora en nuestro léxico perucho.

1. Los jefes (no los de Vargas Llosa)

Te estacionas en el parque Kennedy, en la Plaza San Martín o en tu centro comercial de moda, de Cono o de distrito residencial, y siempre aparece un gentil joven que tú empleaste sin saberlo, y que te recibe con un “Jefe, no se olvide de apagar su alarma” o “Jefe, una lavadita, pe’”. Claro, no eres su jefe, pero por las dos horas en las que el cuidador-lavacarros-cobrador muncipal vigilará tu automóvil, él finge ser tu empleado: se trata de una pantomima que activa nuestra faceta histriónica. ¿Será que fingir una relación contractual es más comprometedor que una promesa basada en la palabra solamente?, ¿o es que además de comprometedor, apela a cierto grado de confianza, esa mezcla de confianza y cariño que repetimos todos cuando llamamos “jefe” al policía que nos amenaza con papeleta o con coima?

2. Los profes

Te sientas en tu escritorio y aparece un compañero de trabajo, de esos que siempre contratan por error, que afanoso por buscarte conversación te lanza un descuidado “Maestro, ¿cómo andas?” cuando tú de profesor no tienes más que la experiencia de haberle enseñado la puerta del baño a alguien. Ya es suficiente con el infierno que viven nuestros profesores gracias al SUTEP, al ministro Chang y a Alan como para encima soportar que te maestren así porque sí. Pero bueno, vale la oportunidad de escuchar un “profe”, un “maestro” o un “doctor” para escalar mentalmente en un sueño reprimido de lecciones y cátedras que quizás nunca darás. El doctoreo es un hábito descuidado que cruza las fronteras de Latinoamérica (ver Chile y Argentina) y hasta Carlos Galdós etiqueta así a los jóvenes que lo escuchan en la radio con su popular “doctorazo” que es respondido por el oyente con una risa o un disfuerzo como si se tratara de un halago. 

3. Los ingenieros 

Te vas a provincia como representante de la empresa donde trabajas y de pronto, zas!, te ingenierean. No te abogadean ni te economicean, el ingeniero construye, él es el paradigma de un desarrollo real en el imaginario de la población. Así, creemos que diciendo “Ingeniero, el Estado no nos apoya“, logramos crecer el ego de nuestro colaborador y que sea capaz de prometer lo imposible, aun cuando sabemos perfectamente que -literalmente- no es posible. Sino, prestemos atención a los pedidos que le hacen a los ministros o a los congresistas cuando responden la demanda del pueblo: “Ingeniero Waisman, ingeniero Rey“. De pronto, aparece un holograma de casco blanco sobre tu cabeza y, sin importar que seas antropólogo, abogado, kinesiólogo o periodista, nada de eso tiene valor ni confiabilidad como un buen Bob el Constructor peruano.

Pero, ¿por qué sucede esto? Nos preguntamos si al dejar de aceptar y regalar estos apelativos, estaríamos colaborando con el desequilibrio del sistema laboral. Dados los altos niveles de desempleo en nuestro país, es probable que el arte de “doctorear” o de “maestrear” a la gente pueda provenir de una necesidad de encontrar chamba en cualquier esquina, o de una necesidad de reírse de las propias desgracias prostituyendo y despilfarrando esas etiquetas que a muchos dejan sin sueño.  

Sí tenemos claro, más bien, que algunas veces se convierte en una artimaña de inequidad manifiesta cuando maestramos y chochereamos a las personas que sentimos inferiores, sometidas o que nos ayudan, como si el solo hecho de brindarnos un servicio nos permitiera traspasar la formalidad y confundirla con una cortesía confusa y hasta cachacienta: “Toma, maestrito, gracias” (y van los 20 céntimos); o “Te pasaste, doctor” (y van los 5 soles de propina al mozo) cuando al mismo tiempo nuestros maestritos y doctores nos dicen “Señor” o “Joven“. ¿Le diríamos “hola, maestro” a nuestro jefe con la excusa de mostrar la confianza que le tenemos? ¿No es esta rutina cariñosa un método liviano que muchas veces usamos para tratar a nuestros diferentes?

Quizás es solo una paranoia y debemos pensar en que ser un Mil Oficios es regalar más que quitar, es un hábito alentador, positivo, generoso. Así que, estimado cholega, no se pregunte más y deje aflorar las multifacetas que lleva dentro. No en vano Adolfo Chuiman relanzó su carrera “artística” como protagonista de la famosa serie “Mil Oficios” en la que representaba al desempleado peruano que hace de todo para ganarse la vida y sobrevivir en el intento.  Es más, de repente nuestra reflexión estaba atentando contra todos aquellos potenciales gasfiteros, abogados, taxistas que pululan por la ciudad y que encuentran en estas prácticas una especie de seguro emocional de desempleo en cualquiera de los estamentos estancos de nuestra nación.

Quizás sólo somos el Peter Parker cholo que esconde un multi-héroe laboral “en sus adentros” y que está esperando la próxima cabina de Telefónica para revelar el talento y el designio divino para el cual nacimos. Todos tenemos dentro -como dice Chuiman con su camisa transparente- nuestro “Renato, el rey del recurseo”.

http://www.youtube.com/watch?v=Cw0qoaeyZnA

Discussion

7 comentarios for “¿Seré un Mil Oficios y no lo sabía?”

  1. gracias, muchas gracias.
    EXIJO un post de choledad privada con los stickers y nombres de las combis. lo EXIJO!!!!!

    Comentado por Mariella | Febrero 27, 2008, 6:38
  2. YA VIEEEENEEEEEE
    Aprovechamos el deseo de Mariella, para hacer llegar a nuestros lectores un pedido para que envíen fotos de sus celulares (o de cámaras si son más afanosos, pero pierde el tufillo de reality show que tanto ansiamos) de mensajes, fotos, stickers y demases que vean en las combis en sus delantes cada mañana.
    Se prepara una edición especial sobre el análisis de esas exóticas pruebas artisticas de nuestra choledad.

    Comentado por chuto | Febrero 27, 2008, 7:35
  3. Pero no se ah, cuando he ido a cursos o simposiums fuera (gringolandia o europa) la gente, sobretodo los administrativos, me trataba de “DR STUCCHI” incluso desde antes de ser bachiller. Parece q a cierto nivel, como la necesidad del titulo es tan compulsiva, no basta con el “SR”.

    Comentado por Luciano | Febrero 29, 2008, 12:23
  4. Y es posible que la diferencia se base en que en esos casos que señalas te doctorean porque saben que tienes un título pero no les queda claro cuál, entonces prefieren decirte el título académico mayor para salvar el error. En cambio, en estos casos que comentamos, es más evidente el tono irónico y completamente alejado del real contexto cuando decimos “doctorazo”.
    Es decir, estemos atentos en que las conductas y prácticas sociales pueden parecer las mismas pero son utilizadas y reproducidas por razones completamente diferentes.

    Comentado por chuto | Febrero 29, 2008, 13:29
  5. pienso ke sea una forma alegadora para entrar en conversacion con una persona ke no conoces o kieres hacerte su amigo ,manteniedo una cierta educacion ,ademas este modo de decir continua porke el ke recibe el elogio o distincion no corrige o le gusta simplete ke se lo digan, pienso ke la vanidad sea el verdadero inicio de todo esto ; )

    Comentado por wilson quispe | Mayo 21, 2008, 4:41
  6. [...] balacero y cantarín “Esa gente” (con énfasis agudo en “GEN”), seguido de doctoreos-maestreos, imperativos sensoriales (”habla”, “oye”) y de “Isi [...]

    Comentado por Choledad Privada | Activando y desactivando choledad Parte 8: Essa gente y los cholitos | Diciembre 7, 2008, 21:44
  7. [...] sólo le dices “flaco” a quien crees que puede soportar ese apelativo). El chocherismo, el maestrazo, el profe, el tío… todos esos son llamadas políticamente más correctas en el mundo Circo [...]

    Comentado por Choledad Privada | Amiga y el Benjamin Button cholo | Marzo 9, 2009, 13:54

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