Ya nos sabemos de memoria los pasos para ser un buen taxista en el Perú, y también conocimos los secretos para convertirnos en un rentable Dieguito el socialito. Ahora, presentamos a otro personaje bandera de nuestra Choledad, alguien que siempre encontraremos en ventanilla de entidad pública, restaurante, caja de banco o supermercado, o cualquier otro módulo de atención al cliente: el señor Requena “no hay sistema”.
Es probable que este personaje nos haya hecho rabiar más de una vez al realizar algún trámite, cobrar un cheque, solicitar información o presentar una queja. Es un personaje que siempre tiene la razón y que ha sido programado con pilas Rayobac para repetir incesantemente ante cualquier apuro su frase típica y registrada: “No hay sistema” o “Se cayó la red” (¿la idea que la tecnología se “caiga” es bien cachacienta, no?), mismas en que utiliza el desarrollo tecnológico para justificar su máximo conformismo, total desconocimiento e ineficiencia laboral, pero que esconden unas reales y manifiestas ganas de mostrar su poder, ese mismo que su entidad le regala de 8:30 am a 5:30 pm o más cada día.
He aquí algunas pistas de cómo reconocerlo la próxima vez que Ud, señor abogado o Ud, ciudadana disconforme, se acerque a la oficina de algún ministerio, caja municipal o similar local y lo atienda el joven Requena “no hay sistema“:
1. El pequeño Leviatán. Requena es el típico burócrata operador del sector público o con antecedentes en algún organismo del Estado que labora en una empresa o simplemente lleva la burocracia en la sangre. Su posición en la recepción, ventanilla, mesa de partes o escritorio frontal le ha otorgado un poder inimaginable: el Estado o la Empresa habla desde su boca, y son sus caprichos y voluntades las que el señor Requena representa. Él no es sólo una extensión del poder, no sólo un instrumento ni un portavoz contratado para darte malas noticias. Él ES el Estado, él ES la empresa. No hay “llame a su supervisor“, “esto es urgente“, “¿me puede dar su nombre?” que valga o logre convencerlo: en el momento de la acción, se encontrarán solos en el mundo él y Ud.: un mundo sin jefes, sin responsabilidades, sin soluciones. No hay sistema, no hay más de qué hablar.
2. Yo, Robot. El señor Requena es el “Yo, Robot” peruano, la versión chola de los enemigos de Will Smith y está programado para, ante cualquier problema inesperado o pregunta incómoda por parte del ciudadano/cliente, lanzar una salida autómata de acusación mariajuaquinesca a la computadora más cercana. Cualquier excusa que diga puede terminar indefectiblemente en esa frase como conclusión final. Siempre existe una razón para negar un trámite, rechazar una tarjeta o mentir acerca del retraso de una respuesta amparándose en la tecnología, ya que -en la mentalidad del funcionario, mozo o cajero burócrata- esta siempre es imperfecta y, como no se queja ni tiene gremio-CGTP-sindicato que lo respalde, se le puede echar las culpas de todo sin remordimientos.

3. ¡Ventanilla siguiente! Si te amaneciste en la cola para sacar un sencillo duplicado de tu brevete, cobrar tu jubilación en el Banco de la Nación o renovar tu pasaporte y te da la 1:00pm cuando llegas frente a él, el señor Requena tendrá el gusto perverso de cerrarte la ventanilla porque el almuerzo es sagrado para todo burócrata, es su espacio de calidad de vida que atesora y defiende con orgullo. Si lo encuentras después de almuerzo, siempre está de mal humor (porque está haciendo la digestión) y por más que esté a la mitad de la entrega de tu documento, si en su reloj Casio dan las 5:30 de la tarde, se apaga su transmisión y si el Estado deja de funcionar, él también. Ese famoso sello con hora y fecha es una garantía perfecta de su rigurosidad con la puntualidad y su letrerito de “Pase a la ventanilla siguiente” es una estrategia milenaria de “sacar-cuerpo” y tomar un descanso.
4. “Yo tengo la magia, yo tengo el poder”. Sus frustraciones y pesares los proyecta en el ciudadano/cliente a quien detesta por creerlo inferior y dependiente de sus designios. Su mayor satisfacción es reírse con su compañero de puesto de alguna broma ininteligible mientras atiende a alguien sin mirarlo, eso transmite el mensaje “me estás interrumpiendo, pero bueno…” y logra su mayor objetivo: no tener que atender a nadie. El poder merlinesco que el Estado o la empresa le ha regalado se resume en la canción ochentera de Nubeluz “Yo tengo la magia, yo tengo el poder“.
El señor Requena es un incomprendido del mundo democrático, vive en un mundo que no lo quiere y el ciudadano lo detesta sólo porque cumple con su trabajo. Desde esta tribuna, apelamos a Ud., lector, para que se comporte con mejor tolerancia y talante frente a Requena; él es sólo un juguete del destino, un inocente Mumra peruano que ha visto transformado su cuerpo decadente en un dios mochica de camisa y corbata que, por esas únicas 8 horas de su día a día, ostenta una dosis de poder que a cualquiera confunde, degenera y corrompe.
*(Primos de Requena en otros lugares aquí, aquí, aquí y aquí. Comenten sus experiencias con Requena en Lima, ayúdanos a ayudar) ** Foto de Roberto
Me parece que el señor Requena tiene ancestros españoles. Aquí la cultura del “desayuno” y “cigarrito” de la mañana es sagrado. Si llamas por teléfono a un lugar y preguntas por alguien fácil te dicen está desayunando o salió a fumar… ni se molestan en decirte que está en otras labores o anda ocupadito.
He de empezar el comentario con un detallito: las nostálgicas pilas son RayoVac y no RayoBac… tengo perfectamente grabado en la memoria el carboncillo rojo con amarillo y el dibujo del rayo en medio del nombre
Con respecto a lo de “no hay sistema” está cientificamente comprobado que el 90% de las veces que nos topamos con esta frase el asunto es mentira, las verdaderas razones pueden ser:
1. Aún andan con la flojera del nuevo día
2. Aún no terminan de desayunar en la oficina
3. No saben dónde caraj* los sellos, pegatinas, etcetera
4. Faltan pocas horas para el refirgerio y se están preparando para ello
5. De tanto atrasar la chamba, se encuentran tan atolondrados que no tienen cabeza para atender nada aparte de su mal humor
6. Están consultando por teléfono con el supervisor o con el compañero cómo caraj* operar el sistema de registro
7. No saben de qué caraj* está hablando el cliente
8. Está con la flojera post-refirgerio
9. Están conversando-chismeando con los compañeros
10. Falta poco para la hora de salida (un par de horas quizá)
SaLudos
Yo me encuentro al lado opuesto de Requena pues a mi me toca ganarme los chibilines cuando se cae el sistema. Aunque en mi caso nuestras maquinas son usadas por los oficinistas y paso mas tiempo siendo interumpido por el telefono y explicando a todos que el sistema ya se esta levantando. Que todo se logra con ‘la santa paciencia’.
al señor requena lo metieron a muchas clases de chiquito.
Dice mi mamá que todos los niños necesitan “ratos de ocio” para jugar o hacer lo que quieran y asi “estimular su creatividad e imaginacion”.
Cuando los metes a clases todo el dia y el niño no tiene tiempo para pensar por si solo, se vuelve oficinista o burocrata.
Y yo le creo a mi mami todo lo que me dice.
Y tu tambien, te acuerdas cuando te dijo que como era posible que tu, que hacias tantas grandes cosas, no pudieras controlar tu peso? ahora estas flaco y regio, y todo gracias a mi mami.
La que no puede controlar su peso soy yo, pero no creo que tenga nada que ver con que no me dejaron jugar de chiquita.
Este comentario no tiene nada que ver con tu post.
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[...] un trámite a LA SUNAT y nos enfrentamos a la proactividad mecanicista del tantas veces mentado señor Requena “No hay sistema”, quien rechazó nuestra solicitud por segunda vez. Un pata de la cola nos mira con ánimo penoso (y [...]
[...] silencio. Me acerqué al “caunter” pero era como conversar con el propio parlante o con el mismo señor Requena: “Vuelo cancelado, señor” (repetir respuesta ante cualquier pregunta). Volví a [...]