Moyobamba es capital de departamento pero Tarapoto fue y es la consentida que se quedó con el aeropuerto, las cataratas y los paquetes de PromPerú. Por eso, de Lima aterrizas en ciudad que no es capital pero que tiene síndrome de capital.
Los moyobambinos se la tienen jurada a los tarapotinos y hay un tufillo de doble personalidad en la región San Martín; ambas provincias heredaron la necedad de los Chancas y con una picardía estruendosa en forma de risa, es casi”to” el escenario más bizarro de nuestra selva, porque entre simpatías tan transparentes y pugnas culturales tan perversas, sobrevive el clímax gastro-erótico más exótico de nuestro país: un coro de risa charapas, chistes machistas, un batido de uva heladito, y su tacacho y cecina como para tres. Listo, en eso se resume la identidad de un peruano varón promedio.
Cae una lluvia fregada sobre las calaminas de El Néctar, un espacio de sabores deliciosos, y Wilmer comenta: “Esta va a ser una guarmi lluvia”. Nuestro rostro en forma de interrogación lo insta a explicar: “Guarmi es mujer, di. Guarmi lluvia es como llanto de mujer, no acaba, es jodido“. Las risas de los varones de la mesa en forma de chapa de Pilsen Trujillo arranca: todos se sienten identificados (o deberían, que es igual).
Cuando ya no hay cuy ni chaufa de cecina ni juane que haya sobrevivido y los comensales nos tomamos el segundo Siete Raíces, las lenguas selváticas se aceleran. Wilmer vuelve a poner su cuota provocativa: “Cuando en la selva te ofrecen un trago aguado, débil, di; un trago que parece agua, se dice que te han dado un trago shegue“. Se sumerge en risas y risas. Los demás brindan y repiten: “¡Shegue, claro, me has dado un trago shegue!“, ponen ejemplos y ríen. Shegue, nos explica luego Jhonny, significa débil, sin fuerza. “Se usa para decir algo que es de hembra, pues“. Nosotros asentimos, no sabemos si sonreír o comentar.
Casi al final del almuerzo, Wilmer cuenta un relato familiar que de ser escuchado por Michel Alexander o Guille se convertiría en la próxima miniserie de turno, de esas que ahora se afanan al fin por lograr retratar héroes populares en el colectivo televidente. Su historia es una con 29 hermanos, 9 madres diferentes y, claro-por-supuesto-que-desde-luego-que-sí, un solo padre: el varón macho proveedor de vida. La historia es cómica, no guarda rencor, vergüenza, enseñanza. Es la historia de un macho peruano que ama en demasía, que deja hijos y todos lo idolatran, adoran su seguridad, su manera de dar amor. Al contar su historia, Wilmer ríe. Se nota en sus ojos que está orgulloso. “Mi padre era bien bravo, verdad“.
De noche, llamamos a nuestros compañeros de almuerzo sanmartinenses para tomar unas cervezas heladas antes de volver a Lima: 1) Wilmer no acepta, tiene que regresar a casa temprano. 2) Jhonny tampoco, su mujer le ha dado permiso hasta antes de las 9pm. 3) Santi ni siquiera contesta el teléfono, cuentan que a su esposa no le gusta que tome días de semana. Es de noche y la guarmi lluvia se detuvo. Ya no recordamos de qué nos reíamos con tanta seguridad en el almuerzo.
No sé a ustedes, pero a nosotros no nos queda muy claro cuán shegue es nuestro machismo en estos días.
Qué risa y uno que s imagina siempre al macho de provincia como un yanoya, un pata recontra machista. Me han hecho reir con este articulo.
¿San Martín es una provincia o una región?
San Martín es una región. La primera foto mostrada es del jirón Jimenez Pimentel y da justo a la Plaza de Armas de Tarapoto. Está entretenido el artículo, pero el machismo y su negación va más alla de la negación de una cerveza helada por la noche.
Uf, muchísimo más allá, Danny.
Pero qué interesante es vivir nuestro machismo en las anécdotas del día a día. Tu mirada sociológica a esta tribuna sin duda aportará mucho. La idea es buscar prácticas que nos provoquen a hablar de cosas más complicadas y hacerlas más sencillas y accesibles. ¡Bienvenido!
ahhh x cierto… soy tarapotino!!
Cuando me preguntan “Qué quieres hacer luego de acabar la Universidad?” Les digo, “Quiero conocer a una buena chica que tenga un buen trabajo para poder dedicarme a criar a nuestros hijos, limpiar la casa y hacer los almuerzos y cenas… No debe haber nada mejor que sonreirle a alguien al volver del trabajo. En verdad quiero ser amo de casa, me daría más tiempo para hacer un par de cosas que tengo en mente”.
Creen que es un chiste. Es en serio, pero estamos en una sociedad machista, y se lo toman a broma siempre. Quizá alguno de los blogeros sonríe o algo, pero es en serio.