Existe una frenética obsesión en nuestro país por lo “gratis”, un deseo insaciable por acriolladamente pagar menos y pedir más. ¿Será acaso ese fantasma de país pobre el que nos incita a perder la cabeza cada vez que vemos algo regalado y avalancharnos sobre él? ¿O será más bien que el peruano se siente “huevón” o socialmente vetado si no pide rebajita, gorrea, pide yapa o aprovecha algo “gratis”? A continuación, un piqueo de síndromes que promueven nuestra cultura de lo gratis: 
Cuando vamos a Wong (a menos que los chilenos nos quieran cambiar el día), Metro, a Santa Isabel o Plaza Vea: tú quieres jamón inglés pero si la señorita de Salchichas Don Pepe te ofrece un chorizito suizo al mondadiente, ¡cómo por nuestra madre patria podríamos negarnos! o estás en la Plaza de Comidas de turno antojado de una hamburguesa huachana pero se te cruza en el camino el ofrecimiento insistente de un pollito al tausí del chifita, y eres capaz de fingir duda y adentro!, y sigues hacia el objeto de tu deseo en el stand de a lado. Si es gratis y, mas aún, si es comida… ¿por qué no? ![]()
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2. El síndrome del omnívoro del hortelano: ”Con todas las cremas”
¿Cuántas veces hemos abierto el refrigerador y hemos encontrado los ”sachet” de Burger King, Bembos, o cualq
uier pollería que nos trajo delivery el domingo por la noche? Tenemos la hortelana manía de llevarnos todo lo que sea gratis aún cuando sabemos que no lo consumiremos: los pobres ”sachets” duermen el sueño de los justos en la frialdad de nuestros refrigeradores. Y a la mitad de la madrugada, al gritar “Con todas las salsas cremas“, el cocinero del sanguchón (Miguelón, Campesino, Tío Bigote, Hamburrata) embadurna tu pedido con mayonesa, tártara, kéchup, golf, aceituna, palta, ají, rocoto, huancaína, ocopa, salsa criolla, col, tomate, lechuga (o “ensalada” que le dicen) y papitas al hilo sabiendo que todo sabrá a mayonesa, pero igual, pedirlo todo cuando ese “todo” te cuesta “nada” es un sentimiento de clímax (Si cobraran 20 céntimos por cada una, ¿las pediríamos todas?). Igual sucede en el buffet peruano, tanto así que ante la manía de servirnos más de lo normal por el solo hecho de que es gratis y que no queremos que otro se lo coma primero, algunos chifas adelantados exigen que el comensal se termine el plato antes de servirse otro, mandato que es una traición a la patria en este país.
3. El síndrome del Tattoo cholo: “¡El avión, el avión!”
¿Recuerdan en la televisión esa serie titulada “La Isla de la Fantasía” donde aparecía un señor alto y canoso acompañado de un enano llamado “Tattoo”? Ambos usaban terno blanco y como anfitriones, cada vez que llegaban nuevos visitantes, el paticorto ”Tattoo” sonaba una campana anunciando con voz nasal: “¡El avión, el avión!”. Un similar episodio se produce en las playas peruanas cuando, de pronto, irrumpe en el cielo ”el avión” lanzando una serie de productos que tienen la mágica característica de ser “gratis”. Todos los bañistas anconeros, aguadulceros, pucusaneros o asiáticos dejan lo que están haciendo y cual Thundercats al llamado de Leon-O corren sin mirar lo que pisan con la finalidad de lanzarse a la conquista del producto. Pueden ser bolsas con guano o simplemente piedras, pero el holograma de lo gratis nos hace delirar y nos induce a tenerlo todo. Algo parecido sucede con los polos y mercadería promocional que nos regala alguna generosa empresa local en su estrategia de marketing cotidiana. No importa si no has tenido tiempo de probarte la talla del polo, puede ser Extra Large, servir de trapeador, no importa, es tuyo y es gratis.
4. El síndrome de la yapa: el “alguito más”
Del quechua yapa = ayuda, aumento, la RALE ya la aceptó en nuestra lengua formal y es la estrategia obligada de cuanto comprador y vendedor habita y es usada para convencer la voluntad de nuestro corazón cholo. Los canales de compra muchas veces adaptan su artimaña de la yapa al público peruano y latinoamericano con el cuento del “Y si llamas en los próximos 10 minutos, te regalamos otra Baba de Caracol y una toallita de mano...” (y el spot es grabado); o en el programa de los brasileros de “Pare de Sufrir” te regalan dous ruosas milagruosas si llegas tempranito al templo. La yapa es un ícono de nuestra peruanidad, no importa si es misia; si es gratis, eres un ganador.
5. El síndrome del picaflor: “no quiero gracias, yo te gorreo“
Esa frase lleva grabada la insignia de nuestra choledad. No se trata de no querer, no se trata de ahorrar, todo se resume en el acto idílico y cariñoso del gorreo, aquel que en el nombre del compartir familiar se degenera en una conchudez descaradamente amable donde invadir la gaseosa ajena, donde meter la mano en la canchita ajena, donde morder el sanguchito ajeno, nos une en una costumbre histórica de codicia y entrega mutuas. Quien no ha oido alguna vez la típica frase “No, no me da como para comprarme uno entero, a ver, ¿a que sabe?”. Y que hay de aquellos ilustres amigos que gorrean sumas incobrables de dinero “¿oe un favor, me he quedado misio, préstame un sol?”, sol donado que nunca será pagado.
La cultura del gorreo es quizás la que encierra en su manifestación más transparente ese deseo del peruano de obtener gratis sus cometidos: la lógica del gorreo nos trasciende, nos eleva más allá del consumismo capitalista a un mundo donde no hay precios ni límites, donde lo extra y la yapa, aunque nunca se use, no es basura, sino un trofeo de guerra.
Graciosas maneras de entender el gorreo en países hermanos, aquí. La vinculación que podría hacerse entre el gorrear perucho y la sexualizada connotación de otros países es bárbara.
En eisha esto es particularmente gracioso, esta especie lo tiene TODO y pelea por el polito gratis de la camioneta X que no tienen, ni quieren, pero quieren su polito gratis. PORQUE?
No solo porque gratis es más rico.
Ellos creen que SE LO MERECEN, merecen ser engreidos y regalados por todo polo, frisbee o revista; o invitados a toda parrilla gourmet, cata de vinos o sushi y sake (el paralelo de cheese and wine ponja) que exista.
tengo un tio que toma lonche gratis todos los dias en wong.
Sr. chuto, permítame decirle que su capacidad de análisis es abrumadora.
me imagino que en el futuro se incluirá en algún post el gorreo de saldo de celular también, no?
Exacto! Sí, hemos recibido los suficientes mails y comentarios como para entender que el tema del gorreo toca fibras sensibles de nuestro ser cholo. Creemos que merece un análisis aún mayor categorizado, y el gorreo de saldo y de mensajes de texto va a la cabeza. Gracias paisano.
Y ni qué decir del gorreo de “tu radio ilimitada de nextel”.
Suena a tacañería, pero “¿por qué pues señor se lo voy a emprestar?” jajaja
¡Hasta las alumnas de la universidad se atreven a insinuarlo!
Aquí una extracto de mi antología del disparate:
- ¡Wala! ¿Es nextel? Ahhh yo tengo una amiga que también tiene nextel pero me sale muy caro llamarla de mi celular.
- ¿Ah, sí?, Quién diría, ¿no?
- ¿Y tu nextel tiene radio gratis?
- Sí tiene radio. Pero te cuento que no es gratis. Cada mes me sacan un ojo de la cara con el cuento del “plan” en el que te cobran hasta por mirar la hora.
- Ahhhh yo creía que era gratis.
Será que es porque sienten que se lo merecen, Mu? Pero por qué entonces es un hábito que cruza todos los estratos? El plus, algo más, que sí concordamos contigo que sucede exclusivamente en el sector eisha es la aceptación de dichos productos o de la invitación a ciertos eventos por el caché y el ascenso social que ello produce. Ahí está el ejemplo de eventos como el Jammin Playas o el Cebicheff de Cuzqueña donde los polos dicen además a la opinión pública: “Yo fui a ese evento, tú?”
China aqui nomas pe!!
[...] de preferencia, se arrepiente de su insana manía (ni siquiera podríamos ligarla al gorreo pues no es “gratis” en este caso lo que se gorrea, es un hurto trunco en todo caso o [...]
Tal vez poco se relaciona con este Post lo que te voy contar…
Una vez en Japón, en una de las miles de fabricas que hay por aqui, un duenio de una de esas fabricas iba a organizar una comida para sus trabajadores. El japonés muy amable tambien dijo que sus trabajadores (en este caso los latinos) puedan traer a alguien de la familia y dijo que cada latino anotara en un papel la cantidad de personas que iban a llevar a la reunion….
Imagínate, por cada trabajador eran 5 personas o tal vez mas, a toda su familia anotaban por el hecho de ser gratis y cuando el japones vio la relación de personas canceló la reunion. Después hizo una reunión…. pero solo para japoneses.
Saludos desde Japón
Creo que en vez de “RALE” quisiste decir “RAE”, Real Academia Española. http://www.rae.es
Gracias por visitarnos, perujin, excelente página y más aún excelente anécdota donde se visualiza con claridad esta hermosa y “gratuita” manía de irnos hasta el codo.
Don diego, se le agradece la corrección, aun dizque ambas abreviaturas se aceptan. En todo caso, la formal es la que tú indicas.
Verdad que lo dicho es cierto y me has hecho matar de la risa leyendolo, peor cuando estoy desde agosto fuera de limay del Perú. Demasiado buena la redacción y demasiado bueno el contenido, dos pulgares arriba por el escritor.
Saludos
[...] El “Para llevar” es una estrategia explícita en donde la idea del residuo no es nunca tal hasta que no esté aprovechado en su máximo nivel. ¿Somos los recicladores humanos por excelencia en materia de comida? ¿Será que el consejo de la abuela de comernos todo porque hay muchos niños pobres caló de una forma tergiversada en nuestro imaginario cholo al punto de no osar desperdiciar ni un granito de arroz que quede en el plato aún cuando sabemos que no lo queremos (veáse el síndrome del hortelano)? [...]
1. No te olvides de las batas/sandalias/pantuflas/jabones/shampoos de los hoteles. Esa es básica. Las primeras son entendibles no? Yo al menos si uso unas pantuflas con el logo de algún hotel. Pero lo demás ya es bien berraco.
2. Lo de las “cremas” te puedo decir esto: en Alemania fui a un Burger King y me indigné de que me quieran cobrar 20 centavos de euro por cada mísero sachet de ketchup adicional. Osea, yo no quería pedirme cholamente unos 20 para llevarmeslo de recuerdo, pero un par al menos para poder terminar mis grasientas papas.
[...] versión complementaria al acto idílico del gorreo es el regaleo, costumbre longeva del peruano de buen corazón que se solidariza con la escasez y la [...]