El coliseo del fundo Mamacona es una reproducción mini-local del coliseo romano donde miles de espectadores con morbo salvaje acudían a mirar la muerte de esclavos frente a los leones y tigres más fieros del imperio. Nosotros, como buenos peruanos con capacidad de adaptación, vencimos nuestro rechazo a la pelea de gallos para “gozar” acaso una pizca de eso que denominan “la fiesta” y que con la lectura de Valdelomar y su Caballero Carmelo en primaria nos picaba la curiosidad por vivir presencialmente, “fiesta mamaconera” donde debemos aclarar que realmente existe una juerga palpitante y extrema (no precisamente para los gallos, claro) y que sabe reunir con especial aplomo a la juventud más representativa “nice” de nuestra capital.
Con cerveza en mano y tras presenciar 500 saludos de lado a lado del coliseo de esos que sólo sabemos gritar los peruanos para hacernos notar “César!!!!!!!! Céeeeeesar! Essse c
onchhhhhhhhh“, el DJ más sádico que jamás conocerán puso un “punchi punchi” y sabrosón remix de “La Gata Fiera”, “Lo que Pasó Pasó”, “El Conejito” y demás hits del verano que vas a cantar y bailar en todos lados (y que hacían referencia con particular ironía a un grupo de animales que, a diferencia de los gallos, sí merecían bailar). No somos vírgenes vestales ni cucufatos apostólicos, pero de pronto la muchachada más “nice” de nuestra Lima empezó a convertir el baile en una orgía de arrebatos, muecas y sobajeos heter-homo-intra-inter-zoo-fito-geronto sexuales de lo más descarados y divertidos, precisamente porque se hacían en un espacio donde pronto se consumaría un hecho de muerte. ¿Creen que exageramos otra vez? Miren la antesala aquí y el baile AQUI (felizmente no grabaron más).
Dicho y hecho, un rubicundo joven trajo a un gallo de cabeza roja cubierto de una capa a lo Tyson, y lo acariciaba siniestramente mientras le ajustaba la navaja en la pata derecha. El DJ paró la música, la gente puso su ropa donde inicialmente debía estar y se sentaron cual alumnas del Villa María, en silencio y en orden dispuestos a vivir el ritual de sangre al cual habían sido llamados. Los dos gallos se miraron como los gallos se suelen miran (o sea, de “costarrica”) y tras quitarles la pared que los dividía (un cartón), uno se abalanzó sobre el otro, le picoteó la cabeza en un febril revoloteo de colores y cremas, 10 segundos y paf!, cayó el pico al suelo frente a nuestros ojos, nuestros corazones y nuestras cervezas.
Ni siquiera había muerto bien muerto el animal cuando el DJ gritó (cual Julián Legaspi en el rol de “Caligula” con el “imperativo” “¡Que empiece la juerga!”): “¡A bailar, gente!” y sonó “Tú me dejasteS caer” dando rienda suelta nuevamente a la orgía de movimientos y centáuricas poses. Todavía asombrados, nos preguntamos: ¿esta élite del perreo no es la misma que viene escandalizándose de las escolares que se fugan del cole para bailar con sus novios en la discotecas de La Victoria, o denunciando la inmoralidad de los conciertos en los Conos donde prácticamente las púberes son violadas en público al son de Daddy Yankee? ¿Qué esconde en el caso peruano estas fiestas de élite que combinan sangre, perreo y risas en el fundo mamaconero? Arrastrando al gallo sobre la arena, se alcanzaba a ver su ojo inerte dirigido a la nada mientras el tumulto festejaba sobre su cadáver una fi
esta de vida y muerte simultáneas.
Vida: sobajeo, cerveza, sensualidad, perreo. Muerte: pico arrastrado, sangre en gotas sobre la arena y una pata rota. Era como vivir dos dimensiones paralelas en un mismo espacio. Vida. Muerte. Vida. Muerte.
Sí, sí, ya sabemos: es un ritual ancestral que cruza fronteras y que se vive con igual y peor esmero en otras naciones. Y sí, es una fiesta donde una imperturbable muchedumbre vive regalada al rito de la batalla en todos los continentes. No es nuestro afán (aunque seguramente lo sentimos así) denunciar el hecho en sí mismo ni exclusivizarlo al Perú. Pero la imagen de ese gallo muerto y las niñas de a lado perdidas en el perreo más frotador antes visto, sí es una imagen de nuestra choledad más exótica.
“Tú me dejastes caer… pero ella me levantó”.
Mientras se llevaban el cuerpo del Cid campeador gallístico, sentimos que su mirada pálida nos grita esa frase. A comparación de lo que dice el Cangri, a ese gallo nadie lo levantó, sino que pisoteamos con exhuberante clímax de festejo, fiesta y fiereza una ceremonia mortuoria que canta alegre su derrota. Sale una nueva tanda de gallos y la música se detiene. En honor a Valdelomar, nos levantamos y dejamos a la mitad nuestra cerveza. Antes que presenciemos otro capítulo siniestro de esa choledad que nos abraza a kilómetros de nuestra casa pero más cerca que nunca de esa morbosidad que nos encanta reproducir, nos enrumbamos a la carretera: es suficiente perreo velatorio por hoy, el Caballero Carmelo no lo permitiría.
cuando me contaste esto, live and direct from new york, recuerdo haber contraido mis musculos de Keggel para no hacer ningun roche. todo porque mori de risa.
“¿Qué esconde en el caso peruano estas fiestas de élite que combinan sangre, perreo y risas en el fundo mamaconero?”
Se esconde algo muy blanco, muy fino y 100% peruano. Esos ricos polvos que esa gente se cuela por el tabique, te pone en súper fa y te hace creer que eres el dueño del universo y, por lo tanto, te magreas y te frotas con quien te dé la gana, porque eres supermán y no sabes lo que pega si se combina con alcohol en cantidades industriales.
Esa misma gente el lunes por la noche sale bien peinadita y con cara de cojuda en el programa de Chichi Valenzuela diciendo que hay que mandar más soldados al VRAE…
perreo velatorio… haha, que buena.
que pena que todavia occuran cosas tan sadicas con el pretexto de ser cultura.
pobre gallito
Totalmente de acuerdo con el comentario de Javier.
Las peleas de gallos siempre me parecieron una salvajada junto con las corridas de toros, no les veo nada interesante y la gente q las frecuenta son unos reverendos imbéciles.
ESo es crueldad con los animales y debria estar prohibido junto con las corridas de toros!!
Estimados Javier, Vanessa y Amazilia, veamos un poco mas allá de la simple práctica criminal o no que puedan ser las peleas de gallos o toros o perros. Veamos un poco mas allá de ese polvo blanco que menciona Javier y que está en todos lados. ¿QUe hace que los peruanos armemos un bacanal en ese espacio de mi Lima “nice”?¿Por qué la GCU hace ese despliegue de sadomasoqismo al que se refiere Chuto?
Impactantes las imágenes, Chuto…ese “threesome” canino como lo llaman por estos lares, de película, pero más impactante aún la segunda. Entiendo la alusión a la rojiblanca, pero ya me arruinaste para siempre la imagen romántica que tenía del Caballero Carmelo.
Las peleas de gallos, una de las caras de nuestra multifacética choledad. Somos una sociedad de contradicciones, algunos aferrándose desesperadamente a prácticas que datan de la colonia (como las corridas de toros), no importa cuán retrógradas o crueles resulten ser, para reafirmar su membresía a una élite en proceso de extinción, mientras que otros (o los mismos) disfrutando de lo moderno que resulta ser la expresión abierta de su sexualidad, el destape pues. Tan duales como la vida y la muerte. Al fin y al cabo, son espacios de convivencia donde por un momento convergen grupos que en otras circunstancias no lo harían. Y el gusto por el morbo, pues será parte de la naturaleza humana, que algunos nutren más que otros, agregando elementos que la hagan más “cholamente exótica”.
Nunca he entendido como personas (de cualquier parte del mundo) pueden reir y gozar, y pasarla bien, frente a espectaculos como este, corridas de toros, jalapato, etc.. lo escudan tras tradicion o arte, y nieguan la crueldad.. Tanta sensibilidad hemos perdido? tanto asi nos hemos endurecido? supongo que es la misma desensibilizacion que hace que al ver ninhos en la calle drogandose no sienta nada, que asuma como normal enterarme de 4 muertos en la ultima protesta, que no me indigne al ver a la gente contaminada con mercurio por la actividad de la minera del pueblo.. =(
Saludo tu denuncia acerca de la hipocresía en la gente “nice”, “GCU”, “de la wich”, y demás hierbas, mi querido Chuto. Similar al proberbio chino que dice “dime de qué te ufanas y te diré de qué careces”, uno que describiría nuestra contradictoria choledad sería “dime qué detestas ver en público y te diré qué es lo que más haces en privado”. Además de eso, nos has regalado una observación más de cómo es que se vende el producto sexo+violencia en esa ¿elite? (satélite más bien, porque viven en su propio planeta) que tanto reniega de que el mismo producto se venda en otros lados, como si les diera pena porque no pueden ir a comprarlo a una zona que no es “nice”. No sé si es tan triste que resulta gracioso, o tan gracioso que resulta triste. Saludo también tu integridad, Chuto: te llegó al Francisco la imagen, disjiste “voy a denunciarlo en mi blog”, y te largaste en el acto. Me hinco y me quito el sombrero. Para los otros comentaristas: el salvajismo no es la sangre, sino la danza que la celebra. Si no, vuélvanse vegetarianos.
Pobres pollitos
Mario G lo dijo mejor que nosotros.
“No sé si es tan triste que resulta gracioso, o tan gracioso que resulta triste”. Excelente reflexión que nosotros apoyamos. Es una frase casi emblemática de algunas costumbres de nuestro país.
Y efectivamente, señores, moléstense si quieren con los organizadores y amantes de los gallos y sus broncas, pero en relación al tema que abordamos en este artículo, sorpréndanse más por la danza que la celebra que por la sangre derramada.
las dos cosas son indignantes: la tortura a los animales y el sadismo de los espectadores
lo que no entiendo es por qué les sorprende que sea la gente “nice”, esa misma gente va a las corridas de toros, no?
y tampoco sorprenderia que fueran de otros estratos, la explotacion a los animales trasciende cualquier grupo; es la discriminación en la que todos los humanos están de acuerdo
sin embargo, todavía hay gente que sí se escandaliza (y rechaza) ante prácticas explícitamente crueles (donde en la crueldad reside “la diversión”), y quiero creer que es la mayoría… y les apuesto a que si se hacen un “tour” por un camal, de hecho que se volverían vegetarianos
ahi está, chuto, vete a yerbatero pues, harías una gran obra en mostrarle a la gente de dónde proviene la carne que come todos los días
para los que quieran adelantar algo: http://www.mataderos.info
saludos
t
“ahi está, chuto, vete a yerbatero pues, harías una gran obra en mostrarle a la gente de dónde proviene la carne que come todos los días”.
Sale y vale, un tour guiado por Mr. T a Yerbateros y sacamos un artículo ilustrativo para nuestra choledad. Esperamos vuestra coordinación.
es sierto pero eso de muestra que es una tradicion de aqp y es igual en algunos casos en otras ciudades del mundo
huevada