Yo choleo. Tú choleas. Nos cholean. Otra vez.
El incidente choleador de nuestro post anterior (Amor en silencio: el choleo 0 decibeles) no calló lo suficiente la conciencia de la pequeña Charo con quien nuevamente tuvimos oportunidad de pasar el dìa ya ahora en Lima, en su “humilde” residencia “all inclusive” de La Molina.
Su hermano Jóse (ojo, esa nombre bisilábico DEBE ser pronunciado así a riesgo de ser confundido con el popular, bíblico y común José, y nunca de los jamases debe ser tansformado al perucho “Pepe”) llegaba de jugar una pichanguita con la gente de la oficina cuando conversábamos en la sala con Charo y Titi, su madre. Jóse entra con su polito Nike recontra humedecido por su sudor de gran estirpe y la madre lo abraza sin miramientos demostrando que cuando hay amor del bueno, el cariño es desmedido. Charo arquea la cabeza, no hay nada que le desagrade más que tener que regodearse piel con piel y cachete con cachete con semejante piel aun fraternal en febril sudoración.
Cuando entra Doris, la empleada del hogar (la “doméstica”… ¿eso significa que antes de llegar a esa casa, era salvaje?), lo mira y con sumisión anuncia el almuerzo listo. Jóse la mira sonriente pero no es capaz de darle un beso, a las justas una palmadita nerviosa en la espalda de su ex-nana, un cariño imperceptible como recompensa por tantos años de sonadas de mocos, rabietas caprichosas y engreímientos públicos. Ahí también hay amor del bueno, fruto de más de 10 años de maternidad contratada, y ¡ojo! no hay sudor de por medio porque en la cocina hay aire acondicionado, pero,
no pues, pareciera que hay barreras históricas que no deben ser cruzadas, y ese beso sería capaz de burlar las estrictas medidas de seguridad familiares, esa cintas amarillas con calaveras que dicen NO PASAR con las que dejamos bien claro quién es quién bajo ese techo. Ese beso arruinaría la choledad de unos y confundiría la choledad de los otros. Máximo, un abrazo en Navidad y Fiestas Patrias.
Jóse se sienta en la mesa con nosotros. Lista su milanesa de pollo con puré y arroz. Doris veía la televisión en una silla del comedor “de diario” pero ahora se hace inviable la posibilidad que comparta los mismos metros cuadrados aledaños con nosotros. Casi al costado del caño, ella se sirve también, curioso porque no sólo nos separan distancias físicas en ese momento sino una frontera cultural interoceánica invisible. Todos comemos en porcelana y cubiertos de plata mientras Doris come en vajilla y cubiertos distintos. Mientras almuerza, Jóse recuerda cómo su abuela Tata le explicaba de niño “¿quién sabe si un día de estos nos traen un virus?, ¿de dónde vendrá, hijito, en el mercado esa gente toca cualquier cosa, y lo que comerá, donde vive no hay ni agua, creo” solía decir. Jóse ni siquiera se ha lavado las manos después de la pichanga así que Charo se pone a pensar quién es quien en temas de higiene. Claro, esto no se hace por promover odios, en esta práctica hay un sobresaliente amor del bueno, es sólo que al mismo tiempo que Tata muestra afecto por la servidumbre, la pone en cuarentena comiendo en platos feos (la vajilla del verano pasado) y cubiertos oxidados para que no infecte a la familia con su choledad. Amor y control de sanidad al unísono.
Ya bañadito y talqueado con Johnson & Johnson (porque en la propaganda sale gente parecida a él usando productos para “mantenerse” claro y rubio), se mete a la 4×4 y se enrumba hacia la casa de su flaca, Xime (sin J, obviamente). De pronto, Doris -haciéndole un gesto con la mano- le pide que la espere. Jóse baja con mirada imperturbable la ventana sin hacer mayores movimientos. De pronto Doris, mirada al suelo y como quien pide un préstamo millonario a un empresario feudal con absoluta desesperanza, le dice: “¿Joven, usted cree que me puede jalar a Wong para hacer las compras de la casa? ¡Es aquisito no más!“
Jóse decide no hacerse “bolas”, con un “Aaaaala mier...” en mente, le suelta un “Claro que sí, Doris”. Ella cambia él ánimo y corriendo a paso corto, como quien está a punto de perder una combi, se acerca al asiento trasero del moderno auto. Jóse, en “democrática” y preocupada actitud, le dice “Doris, por favor, sube adelante” señalando el asiento de copiloto. Doris sonríe y se preocupa más aún. Duda. Se pregunta cuál es su “sitio” realmente en ese carro. La Tata está indignada, si fuera por ella ya la hubiera mandado a caminar con las bolsas por la Raúl Ferrero.
Suena nuevamente la chicharra paralizadora del Chapulín Colorado, misma que nos ha acompañado fielmente en los relatos de esta familia preguntándonos: “¿Por qué necesita Jóse y la abuela Tata dejar en cuarentena algunas choledades, ya sea en esos cubiertos diferentes o en esos besos nunca dados?”
a) Para no incomodar a Doris con un acto de exagerada intimidad ya que no se quiere que confunda el ámbito laboral con el ámbito afectivo:una suerte de profesionalismo racial doméstico?
b) Para proteger a Doris del daño psicológico que causaría el sentirse incómoda con nuestro acomplejado complejo sentido de la igualdad, por lo que su lugar en la pasarela jerárquica familiar no es en tanto se sienta igual a sus empleadores sino en tanto podamos chorrearle parte de la igualdad de cuando en cuando?
c) Para que esa separación de cuerpos permita visibilizar con mayor fuerza el poder de nuestras posiciones y alimente nuestro ego filántropo, dado que mantener las diferencias en las cosas más cotidianas -ya sea desde el uniforme (recuerden esto), desde la apropiación de los espacios de la casa o desde su posición en el auto- es vital para ostentar públicamente un discurso de tolerancia afectiva pero procurar que en lo privado esa tolerancia se ajuste a las “buenas costumbres”?
Charo y nosotros presenciamos esa última escena conmovedora e incómoda donde las barreras se traspasan, donde la cabina del auto recrea la típica incomodidad generada en una ascensor entre personas extrañas: hay allí sentadas en una misma choledad, dos personas que no se reconocen como iguales pero que se tienen un cariño obvio (¿obvio?), donde las posiciones del piloto, del copiloto o el asiento trasero parecieran ubicaciones estratificadores vitales para mantener claras las diferencias, y donde la cuarentena en la que viven nuestros diferentes es puesta en riesgo, todo por el amor silencioso que esa colusión de choledades provoca.
Como dijo en su minuto de fama pop el actor Diego Bertie, sí pues, ”qué difícil es amar”.
quisiera votar por el profesionalismo doméstico (a) pero la razón me dice que la opción c se adecua más a la realidad. qué interesante la situación en la que Doris se dirige al asiento trasero directamente. me ha dejado pensando.
me reí con lo de Jóse, ya se me hacía que había una explicación así. jajaja
Si bien estoy de acuerdo con lo pésimo del asunto, me parece que es muy fácil relacionarlo con racismo cuando no es necesariamente el caso. Escenas como estas eran comunes hace años en europa y son comunes hoy en lugares como argentina con todos los personajes gringuitos. Esto es un tema de clasismo, la cholidad aquí es pura coincidencia.
¿Qué se habrá creído “la Doris”? ¿No sabe que hay un orden establecido por el protocolo para sentarse dentro de un auto? ¡De frente se iba donde no le corresponde!
¡Se pasa la Tata!, habrá sido muy refinada pero se le olvidaron esos detalles que es clave que todos conozcan en la casa para evitar confusiones de rangos jajaja
Para más datos: La persona de más “jerarquía” se sienta justo detrás del copiloto (es ‘el sitio’). El segundo en orden se ubica detrás del piloto. El asiento del copiloto es para el ‘de menor importancia’. (Si no me creen revisen ese librito maravilloso que es “Reglas de Oro para el hogar” que le daban a los oficiales de la FAP… donde le explican a la esposa del oficial “todo lo que debe saber una mujer acerca de su hogar”. En su defecto pregúntenle a alguien de Cancillería que a ellos les encaaaaanta todo eso de saberse sentar bien jajaja).
Ahora, la cosa se altera si decide conducir ‘el jefe’ porque entonces ‘los subordinados’ DEBEN sentarse de copilotos. No es cosa de democracia ni afectos… ¿Nunca les dijo alguien eso de “pásate adelante que no soy tu chofer”?
JL, creo que nadie ha calificado la escena ni negativa ni positivamente. Como ha dicho antes nuestro reflexivo amigo chuto la idea es provocar únicamente una reflexión sobre un tema harto común. Por lo demás que cada quien saque sus propias conclusiones. Y ¡¡que viva Jóse!!..pequeño gran detalle por cierto, me han hecho reir!
Las empleadas del hogar como Doris ocupan un espacio laboral único, ya que trabajan en casa, pero no en “su” casa, como lo hacen muchos freelancers, sino en “casa de otro”. De ahí que estén en el limbo permanente entre lo familiar y lo laboral. O sea, son “casi casi” de la familia, pero al final no.
Confiemos en que poco a poco los Jóses dirán “¡al diablo!” con la Tata y la Titi, para amar a gritos, plantarle un buen beso a Doris, y que ésta también se sienta más natural con el cambio. Aunque por el momento, de seguro jamás se sintió más incómoda que cuando se sentó adelante con el joven…
Muchos saludos.
No, no, pero si en realidad el Perú va a ser racista siempre.
Y si deja de serlo, en buena hora . D
Pero qe pérdida de tiempo andar debatiéndolo eh.
Yo opino que Tata lo hace por la educación estricta y concheta que recibió (típica mujer retratada en la cariatura “las viejas pitucas” del diario La República, no sé si seguirá saliendo esa tira cómica en sus páginas), mientras que Jóse (quien no tiene realmente la culpa de llamarse así) no le dio el beso sólo porque estaba delante de Tata, y asumió que Tata no lo veía cuando le dijo a Doris que se pase adelante. Sobre lo del librito de la FAP que Leo menciona, la verdad es que yo no confío en nada milico desde que descubrí que el concepto “inteligencia militar” es contradictorio en sí mismo.
Estimado Biyu, qué pérdida de tiempo tu lectura entonces, que no se repita, hombre, que en la vida hay mejores cosas que hacer.
Gracias Leo por esa clase magna sobre posiciones en el auto (sería genial hacer un manual de cómo esas posiciones traducen clases sociales).
JL, nos parece certera tu percepción sobre lo difícil que es en este caso separar el tema de clasismo del de racismo, aunque apoyamos ya a nuestro viejo vecino Canelón cuando clarifica que no le estamos dando sesgos poítivos ni negativos al asunto, sólo pretendemos que todos aquí nos sintamos reflejados con esa situación y digamos: “Ya, y eso qué significa?”
Ahora, que tú, yo, o cualquier de nosotros sentado tras nuestras computadoras lo puede resolver, no tiene lógica. Pero sí tiene más lógica que aprovechemos llos espacios de discusión para lo que son: discutir, aprender y cambiar las mentalidades.
Mario, no estoy muy seguro sí Jóse le hubiera dado ese famoso beso a Doris aun en la más solitaria soledad. El beso es un paso que creo que nos tomará unos años más, creo yo.
Chuto, ¿acaso eres español?…que es eso de “puessh hombre, que en la vida hay mejorezzz cosash que hazzzzzer, ¡coño!” ¿es parte de tu choledad?
Ese nivel de percepción sobre el uso de nuestro lenguaje proviniendo de un usuario tan perucho como tú, Tuco, es loable. Yo sólo dije “hombre” y de pronto el vocablo varonil se convirtió en una alusión al narrador de La Serie Rosa. Y olé!
Por cierto, amigo Tuco, ¿en tu casa pasa lo que describimos en el artículo? Digo, para centrarnos en el fondo del asunto y recoger tus valiosas percepciones.
Chuto, el hecho que no hayas viajado ni veas por cable canales españoles revela claramente xq no entendiste mi comentario, pero en fin, como dice el refrán “no gastemos pólvora en gallinazos”.
Con respecto a tu consulta, creeme Chuto que me siento totalmente identificado con Jóse. ¡¡Yo almuerzo eso!! También me llamó la atención el tema de los cubiertos distintos porque fui luego de leer ese post a mi casa y efectivamente en mi casa los cubiertos y platos de las empleadas son otros!! Pregunté además a algunos amigos y efectivamente, hay practicas similares en todo Lima. No lo había pensado antes pero creo que si, todo eso lo hacemos por mantener las diferencias, las distancias. Todo eso nos lleva a crear una serie de justificaciones sumamente extrañas. Te confieso que cuando le conté esto a mi tía prefirió no responder. Es mas, me miró como si le estuviera diciendo “Tía, los chanchos vuelan”.
En verdad, llamarse Jóse no es su culpa. Pero ¡qué nota de los pitucos para ponerle a alguien “Jóse”! Nunca he conocido un Jose que no sea pituco.
El tema de las empleadas del hogar es fascinante.
Bueno, cuando vivia en Lima o cuando voy de visita trato a las empleadas de mi familia con mucho respeto y carinio.
Creo que es un asunto personal que se torna en un comportamiento de sociedad.
Yo siempre quise mucho a mis empleadas.
Y me da mucha pena cuando veo a mi propia familia marginalizar a gente que les ayuda tanto.
No, María, creo que si lo enfocamos como un asunto personal invisibilizamos el peso y la fuerza que tiene la cultura en la que uno nace y se desenvuelve como variable fundamental al momento de actuar en sociedad. Más bien pareciera todo lo contrario, el comportamiento de sociedad se inocula en nuestra conducta personal; ahora, que nosotros podamos decidir más allá de nuestra cultura se puede, claro, pero tiene un precio, una sanción moral contundente que pocos nos atrevemos a soportar. Por ello, la conducta segregadora persiste, sobrevive y se reproduce.
Suena contradictorio, no? porque la solución para el cambio a otra tipo de conciencia social parte, sin duda, de cada uno, pero no depende de cada uno.
Hay que mantener las clases sociales. No hay que educar a Dora ni a nadie que se le considere servidumbre. Mantenganlos en la oscuridad, pero dejenlos salir de vez en cuando para divertirnos de su asombro del mundo en el que viven, de su sencilla manera de ver las cosas y su incompresion de NUESTRA sofisticada y compleja vida. Que no te escuchen hablar de igualdades sociales pero eso si, cuando choleas a alguien, demanda la presencia de Dora para que se identifique con su posicion terrenal, no la adquirida naturalmente de jerarquia en el reino animal por ser racional, si no la establecida por ti, de sirvienta o ser inferior en los barrios ‘fancy’ de Lima. Ahora tambien, cuando salgas del pais, sientete orgulloso cuando te reconozcan, “Oh eres del Tercer Mundo”, donde la gran mayoria de la gente no tiene educacion y existe mucha pobreza. Y con la frente en alto, responde “Por supuesto, soy Peruano”, sabiendo que contribuiste con tu granito de arena.
En verdad que andamos mal…
me gusta mucho esta pagina. cuando vivia en lima e hiba al colegio me peguntaba donde estaba esa gente que se hacia estas preguntas sobre nuestra estructura social, asi tan seria y meticulosamente. Desde que me he ido, volver siempre ha sido una experiencia agri-dulce, entre el calor de lo familiar y la incomodidad que me provocan estas reglas tacitas que nunca NUNCA se discuten.
Lo que mas me molesta es el silencio, no poder hablar, que nadie quiera siquiera admitir… que continuen con sus apodos estupidos, sus xime sin j y su rock ochentero londinense porq “oh no, grupo 5 es muy pueblo, muy comun”. Y lo peor es que lo piensan pero no lo dicen; no quieren admitir!!
El sistema esta completamente loco, pero al final terminas sintiendote loca tu.
No se, me he resignado, trato de aceptar a todos dentro de sus limitaciones sus fallas, sino terminas alienandote de tu familia, de toda una generacion!!
Pero pienso “felizmente me sali de esa mentalidad, felizmente logre escapar”.
Ahora una pequeña verdad de una autodefinida “chica bien”: los “cholos” son mas atractivos q los blancos. Ja-já! esa no se la esperaban!! (los serranos tan mas buenos todavia). Los jóse son aburriiidooooos… y muy muy corrientes.
Uhm, chuto, volví x aqí a perder el tiempo un poco más con ustedes >..< Pero no me interesa mucho averiguarla.
Ahahahaha. Como para reirme solo, hice un post larguísimo, y solo salió la parte de arriba y la parte de abajo xD.
Eh, resumiendo, alguien sabe si hay maneras más… eh… “masivas” de debate sobre el racismo? Porque los medios suelen tener como idea de éxito masivo una peli con hartos muertos o algo así. Digo, para que un tema sea más discutido por más personas, y no un lugar donde estaba esa gente que se hacia estas preguntas sobre nuestra estructura social, asi tan seria y meticulosamente.
[...] 3:47pm: El choleo en cuarentena [...]
bueno seguramente el chico tiene sus complejos eredados por la familia pero aun asi sus complejos no san tan grandes para poder impedir un gesto “democratico” ; ),esta en el medio entre complejidades y antiguos modos de pensar y nuevo actos de integracion,su hijo sera menos acomplejado y mas integrado ; ).
[...] de Charo vuelve a las andadas que la hicieron famosa en esta Choledad (Amor en silencio 1 y Amor en Silencio 2), y nos invitaron el fin de semana pasado a un mini “barbecue” provenzal en su [...]
Carajo, les lavan los calzones y ni siqueras las ayudan a estudiar, o q… pagandoles su mensualidad ya estan satisfechos?, ya cumplieron?, no me jodan.
Carajo, les lavan los calzones y ni siquera las ayudan a estudiar, o q… pagandoles su mensualidad ya estan satisfechos? (si es q le pagan), ya cumplieron?, no me jodan.
[...] nos habíamos referido a este tema en nuestro artículo del choleo en cuarentena hace algunos meses, pero nos sorprendemos al ver el tema ahora en la primera plana de un diario [...]
suelo leer este blog con curiosidad, bastante detenimiento y mucha gracia a pesar que lo que digan es cierto,pero es bueno tomarse todo con humor no creen y mas en un pais como este.
a lo que iba, a pesar de no vivir en una zona media alta ni media media(mescolanza de niveles socioeconomicos) siempre he tenido en casa personas que venian a limpiar y cuando era mas pequeño me cuidaban a mi.
a que viene todo esto, que quizas por los origenes humildes de mi familia nosotros jamas hemos hecho que las personas que me cuidaban o que limpiaban la casa coman en lugares o con cubiertos diferentes, si lo he visto muchas veces en casas de muchos de mis compañeros pero en mi casa… quizas sea un privilegiado de la confraternidad empleado de casa/ empleador o familia pero en fin… en este macondo llamado peru se ve cada cosa que uno o se rie o protesta… yo siempre hago ambas