Su nombre es Luis pero desde que vivía en Pueblo Libre, Lince o Breña, la gente del parque le decía ”Lucho”.
Bueno pues, Lucho el tío Perucho es un digno ex representante de la clase media limeña. Decimos “ex” porque ya no lo es más, logró ascender rápidamente por la escalera económica llegando, cual producto Sapolio, “donde otros no llegan“. Y como todo buen peruano que sufre la embriaguez del éxito inesperado, vive aprisionado entre un pasado al cual extraña pero que no quiere darle a sus hijos porque ellos se merecen algo mejor. Ya establecido y con las canas y “cancha” que le dan sus bien ganados 55 años, encarna ese calificativo muy utilizado en nuestro medio del tipo “campechano”. Lo peor de todo es que Él ha hecho de todo: conocido todos los distritos, jugado todos los pasatiempos callejeros, oído toda la música y probado todo bocado peruano existente.
¿Tu papá es un Lucho, el tío Perucho? Contesta las siguientes preguntas y reconoce esa faceta perucha que no habías admirado lo suficiente:
1. “Chico de mi barrio”. Lucho TIENE que dejar claro que puede
bajar al llano cuando quiere. Cada vez que se dirige a algún limpiador de carros o vendedor ambulante (sobre todo cuando está su hijo acompañándolo porque ojo!, Lucho el tío perucho siempre es padre) le suelta un buen “Maestrito“ entonando la voz en un fallido intento de imitación como para mostrarle que maneja el mismo código. Lleva a sus hijos a La Victoria para que aprendan a hablar con los mecánicos, manejen la “jeringa” y se engrasen las manos como un buen macho. Cuando su palacete urbano en Chacarilla se encontraba en plena construcción solía comprarles ”joncas” de chela a los obreros y chupaba con ellos.
2. El rey de la ciudad de la furia. Lucho le cuenta a sus hijos, cual versión chola de “Mowgli” en el Libro de la Selva, sobre su gran capacidad de adaptación en la jungla perucha. Lucho fumó, se embriagó y se inició sexualmente a muy temprana edad (menos de 14 años) y siempre en un prostíbulo. Una invencible virilidad sicalípitca es el tema recurrente cuando empieza con sus eternas historias de ”a tu edad, yo andaba con cuatro a la vez; tú me has salido bien tranquilo. Ah, pero tu mamá me puso en vereda, claro“.
3. Pelotero de corazón. Dice ser hincha de Alianza Lima y conocer Matute como la palma de su mano cuando sólo ha ido una vez. Sin embargo, cada vez que puede, intenta demostrar que es “del pueblo”, que se escapaba del colegio militar como buen “pendejo de los 70s” y que iba a la lozas del barrio para la pichanga de ley. Se compra las vinchas de “a sol” que venden en las afueras del estadio y los gorros más ridículos que puede encontrar para dejar claro que tiene personalidad de pelotero jubilado.
4. Amigo de Avilés. Dice que su música favorita es la criolla y cual Alberto Andrade sale tarareando cada nota musical que puede en los videos familiares poniendo cara de artificial y Ciruelax sufrimiento mirando al cielo gris, agitando y llevando el ritmo con el dedo índice (cual bolita roja de karaoke mostrando la letra de la canción en la pantalla). 
5. Su estómago es una aventura culinaria. Más de un domingo ha llevado a sus hijos a pasear a lugares que les muestren el “verdadero Perú”. Es capaz de frenar su Volvo en una esquina y servirse un buen y calentito emoliente, forzando a su hijo a que lo pruebe y logrando con ello marcarlo con una huella indeleble de perucha choledad. Come dulces de antaño en carretilla, maní dulce de las esquinas, gelatina embolsadita, marciano en tecnopor, pacae en los paraderos del bus interprovincial, pan con salchicha huachana en el puestecito de Las Viñas, todo con el único fin de regresar a casa gritando a los cuatro vientos que su estómago es peruanamente invencible. Claro, luego está sufriendo y quejándose del colesterol con el Dr. Mispireta.
Lucho es un personaje castigado por su propio éxito, culposo como Hulk cuando lentamente vuelve a tomar la forma de Bruce Banner por haber superado la clase media, y encuentra en esas prácticas exageradamente visibles de criollismo un pretexto perfecto para purgar la penitencia que le permita encontrarse con esa añorada choledad. Es casi como si viviera con una eterno remordimiento de haber ascendido socialmente, casi como si crecer y alejarse del barrio popular de su niñez fuera como una traición a la patria, como si en su mente no existiera la manera de vivir una choledad íntegra y plena desde la riqueza y el progreso. Nosotro nos preguntamos, ¿acaso la hay?
Como siempre y es indudable, conozco a muchos tíos Lucho. Es más, tengo un tío Lucho legítimo (osea, se llama Lucho encima).
Espero con ansias la presentación en choledad de la tía Rosita, esa tía Rosita que todos tenemos, la que siempre sale de la reunión con su taper de carapulcra y arroz pa el hijito que “no pudo venir porque está estudiando”. La misma tía Rosita que prende velitas cada vez que uno de los familiares o familiares de las comadres buscan chamba, la que reza el rosario a conciencia y jura que prepara el mejor mondonguito de Lima.
La tía Rosita que lleva a la playa el jugo de piña helado en botella de coca cola de litro y medio.
La que es total y absolutamente dependiente de su marido, y que cuando la llaman para una reunión dice siempre “déjame consultarlo con mi marido, no vaya a ser que ese día llegue cansado de su trabajo y quiera que lo espere en la casa.”
La tía Rosita que no puede salir porque se tiene que quedar “cuidando la casa”, como si tuviera super poderes y pudiera lidiar con 4 choros embalados.
La misma tía Rosita que cuando te vas de viaje quiere que te lleves una estampita de la virgen del carmen.
Ay la tía Rosita.
Todos tenemos una tía Rosita, generalmente es la hermana del tío Lucho.
A la _O
Me gusta como escribes eh >.<
Pero estas cosas… no sé, me suenan a nostalgia de una forma de vida. Eehm, una limeña forma de vida que parece qe se desvanece. Como Ricardo Palma cuando se ponía todo emo xq no había pregoneros, y “Lima no era la de antes”? Así se siente a veces esas crónicas que pones de personas como Jóse, Lucho i demás.
Bueno, yo lo siento así : D
Gracias Biyu.
Chepis, vamos anotando tus ideas y la idea de la personificación de la cucufatería será la tía rosita, no lo dudes.
Habiéndome criado como bajopontina de pura cepa, conocí a muchos tíos Luchos durante los años que viví en el Perú, de esos que venían de cuando en cuando a visitar el llano, por lo que confirmo lo bien que has caracterizado a este personaje, Chuto. El apartado 2 me recordó a los pasajes en La ciudad y los perros, donde Alberto el Poeta y sus compañeros, de seguro sientiendo la presión de algún tío Lucho, iban a La Victoria y hacían sus pininos en el campo sexual bajo la tutela de la Pies Dorados. (Por cierto, no sabía que los cholos usábamos la palabra ‘sicalíptica’, la tuve que buscar en el diccionario).
Para responder a tu pregunta, me aventuro a afirmar que de momento ser plenamente cholo y “nice” son dos mundos difíciles (pero no imposibles) de reconciliar. O sea, el carné de cholo es vitalicio, y lo puedes usar en el club viejo, pero no en el nuevo, allá los requisitos son otros. Pero por otro lado, también es cierto que la choledad es una fuerza irrefrenable, un sentimiento muy arraigado que no entiende de ironías ni sarcasmos. Está ahí latente, y sale a la superficie casi de manera primal, y a veces en momentos inesperados. Como dicen, “la mona, aunque se vista de seda, mona se queda”.
Chuto, te propongo como futuro personaje bandera que ofrezcas una visión de cómo se percibe en el Perú a los cholos que nos hemos venido para los Yunaites…estaría muy interesada en leer un perfil al respecto. Después de todo, de seguro que somos los que más te leemos fuera de las fronteras del Perú, ¿no? Por alguna razón será, a lo mejor no soy más que una tía Lucha perucha para algunos…
Saludos.
conozco a un tio Lucho, recientemente entable contacto con el, claro que no es el tipo exitoso y pujante que describes, s un tipitio que vive arrimado con sus 15 hermanos en la casa de sus padres. Eso si, es archi pendejjjjjjjaaaaaaaazzzzzzzzooooo, criollo como la mazamorra morada y mas vivo que tres patines, tal vez no entra en al descripcion de tio Lucho (podriamos decirle Tio Coco, tal vez).
Todo un personaje por cierto… muy chisotos y dicharachero, poseedor de una cultura callejera unica. Siempre lo escucho o leo y me da una risa… No te mueras nunca tio Coco!!!
Tìo Coco es su nèmesis en el estrato inferior, con tu descripciòn podremos hacerle honor muy pronto, afeitado.
Quizás sería interesante describir, en un futuro, a la antítesis de Tío Lucho: Don Marcelo, el típico señor que gozó, desde pequeño y hasta algunos años entrados de su adultez, de gran opulencia e influencia y que, por los avatares del destino o de los reveces económicos de la anterior gestión de nuestro “mamario” presidente, ha quedado reducido al recuerdo de aquellas fiestas en el Country, de paseos por San Isidro con sus amigos del Santa María y de los fines de semana en la hacienda de la familia que el “maldito” de Velasco le expropió (porque toooodos han tenido haciendas). El que sigue creyendo que pertenece a la alcurnia peruana a pesar de que cuando se cruza con aquellas viejas amistades ya con las justas lo saludan porque ya no es socio del Club Nacional y porque maneja un Peugeot noventero (porque al final es un carro europeo, aunque su presupuesto le dice que mejor ande en Tico porque el francés consume mucho). El que vive de la renta de alguna propiedad que le quedó de la herencia de sus padres y que se recursea con negocios “por allí y por allá” que siempre terminan fracasando. El que le dirá a su hija que no se puede juntar con los cholos porque ellos no son “de familia” la suya y que odian con toda su alma al “rey de la papa”, porque tienen hoy lo que él perdió ayer.
Personajes pendientes entonces:
a) El surfer
b) La tía Rosita de El Chepis
c) El migrante de la Canelita China (precisa tu respuesta sobre la antítesis “nice” y “cholo”)
d) El abuelo Marcelo de ACV
Ah! y porque no “el instructor de gimnasio”??? Todo un personaje realmente: el clasemediero flojón que decidió ni intentar hacerla con algo “muy profesional” y prefirió hinchar sus músculos para codearse con lo “mejorcito” y de paso, fijo, levantarse alguna tía “ona” (ricachona y ricotona) insatisfecha con la vida marital.
[...] logo de la aerolínea, todo es un botín apetecible. Las tías Pochas piden refrigerio extra, los tíos Luchos piden cerveza y no la abren durante el viaje sino que bajan heroicamente con ella en mano, las [...]
[...] con el riesgo, claro, de ser tildada de “callejonera” (a diferencia de su papá, el tío Lucho, que es admirado por ser bien [...]
[...] cholega El Chepis en establecer los contactos con la tía Pocha. Lamentablemente su hermano, el tío Lucho no nos quiso atender para darnos mayores [...]
Llegando a este blog ¿gracioso? ¿integrador? Nada que ver. Solamente es un rincón de resentimientos y falta de ubicaina. TODOS en esa vida cumplimos un rol, depende de la fuerza de voluntad que tengamos para cambiar el rol que nos fue asignado de nacimiento.
Y oye hijo de la gran madre, la tia Rosita, no necesariamente quiere decir que sea una cojuda que nacio en la humildad y no puede sacarse esas costumbres que dices, rezar es su fe y dar una estampita quiere decir que te estima. Cojudo.
Hmmm… decir “hijo de la Gran Madre” en relación a la Puta Madre pero con estilo caballeroso, ciertamente dice mucho del rol que te fue asignado. Bienvenido a la choledad, T_a_v_o.
Oye, y la tía Pocha sí nos estima, cholega.