Quién no se ha levantado un domingo post-resaca, cumpleañero, navideño o festejero con unas ganas sucedidas por saborear un buen tamalito de chancho, ya esté acompañado de pan francés, de huevos revueltos, de salchicha de huacho, de chicharrón o con lo que sea, con tal de someternos al placer de un mordisco atamalado, una mordida que hace historia en nuestro paladar.
Es gracioso (hasta el momento), porque el tamal está vinculado además a la idea del llenado pilórico al estilo horror vacui, donde todo lo que haga referencia a lo atamalado exuda “lléname el tanque, por favor“: así, la hamburguesa con tamal de Bembos no se la acaba ni King Kong, el arroz atamalado en compañía del pollo o pato de bandera es capaz de alimentar y de matar de indigestión a tres comunidades enteras, y hasta donde una chica que parezca “un tamal mal envuelto” nos trae a colación una perucha bien rellena, acinturada y muy taypá.
Y sí, por más que nos duela en esta manía reciente que tenemos de nacionalizar todo lo que nos encanta de nuestro exportable país, tenemos que aceptar que el tamal no es oriundo de nuestra tierra, no, y que cada país lo embandera como quiere, tiene decenas de leyendas y mitos sobre su origen, y se cuenta como platillo nacional desde Méjico (donde la versión más aceptada de su origen es la de Fray Bernardino sobre los aztecas), Centroamérica hasta las pampas argentinas. Todos hacemos patria, todos hacemos tamal. Pero que quede claro y que lo cante Augusto Polo Campos con una Zenda en la mano, nadie vive, explica ni come el tamal como el peruano. Porque la historia de nuestro maíz y de nuestro tamal lleva en su nacimiento una huella de color nacional: la violencia.
No hagamos la guerra, sino tamales: la historia del Chuck Norris Cholo
Así como sucedió con la explicación que nos hizo el buen Pachacamac con nuestra obsesiòn por el arroz, y la dulce momia Juanita sobre nuestra práctica bicolor del “para llevar”, esta vez María Reiche nos comunica con uno de los dioses preincaicos más antiguos que conoce nuestra historia, tan antiguo que es compa’re del dios Sol (Inti), tan maloso que no le gustaba decir su nombre (en todas las leyendas revisadas aquí, aquí y, sobre todo en esta última publicación, se le llama el “dios bélico” para que alucinen cuán malo era), tan barrunto que su único hobbie era ver las peleítas que él mismo fomentaba en la tierra, algo así como sintonizar la versión antigua de “La Gran Sangre” en su televisor celestial (Hanacq Pacha, o sea, el cielo, pues), puro golp
e, pura patada, puro insulto como toda película policial-urbana peruana.
Dice la leyenda (porque recuerden que el dios bélico es tan malo como Chuck Norris y no nos quiso contar nada) que un día estos peruanos se cansaron de tanta mecha y pidieron la paz. Sí, banderita blanca, paloma y hasta lavada de bandera. Pero el Chuck incaico se asó tanto que los llamó cobardes, y otros apelativos que hoy se traducirían neciamente como “amanerados” y los castigó convirtiéndolos en un fruto espinoso y con hojas en forma de lanza. Cuando bajó a la Tierra el bueno de la película, el dios Inti, y se puso a buscar comida, no encontró mejor privilegio que el choclo, al que modificó haciéndolo tierno, blandito, amarillo y suave premiando con ello al peruano que busca la paz. En la fiesta del Inti Raymi, se solía y suele celebrar con un panecillo típico de maíz llamado Sunkha.
Curiosa y reveladora manera que tienen nuestras leyendas de explicarnos que hasta nuestros dioses buscaban la violencia como un pasatiempo, y que hasta se les castigaba a los hombres que no fueran de rompe y raja, algo así como un vaticinio formidable de la historia peleona y de sinsentido que ha poblado nuestro pasado político militar y subversivo: en esa violencia está el origen de nuestro maíz bandera, y de nuestro principal ingrediente del buen y pacífico tamal.
El tamal chinchano desde las manos de Saramama
Otra leyenda contada en una reciente publicación antropológica al respecto, narra la historia de Saramama, la diosa del maíz, una ex (tránsfuga) virgen preincaica que era perseguida (acosada) por un hechicero que quería poseerla y que ella pide a los Apus que la salven, por lo que el dios Inti la convierte en el fruto del maíz. Lo interesante de esa versión sin censura del mito maícesco es que explica la tendencia en el Imperio de monopolizar el arte de hacer humitas en el grupo femenino de las familias, un pasatiempo obligado para toda niña que quería agradar a la princesa Sara, y que en versión atamalada, jugaba con la idea de “moldear” con sus manos la vida de un sabroso producto nuevo, símbolo de la fecundidad que es dicha y obra de nuestras mujeres.
Y no sólo ello, sino que al elevarse el mercado de consumo
de tamales en Lima, las familias chinchanas reprodujeron el arte del negocio familiar tamalero en sus hijas negras que bien a la garganta pelada, con sus pañuelos y sus cestos de paja poblaron todas las panaderías de cuanto distrito tradicional existía en este país, gritando “el rico tamaaaaaaaleeeee” y demás vociferantes maneras que tienen la mujer negra de llamar a nuestro estómago cual Flautista de Hamelín chinchano. Y en ese grito de la negra tamalera se refugia el cántico de la mujer proveedora de llenura, ella no necesita el micrófono del frutero ni la voz de Mumra del uva italia, su laringe está diseñada por los Apus chinchanos (sí, en Chincha también hay Apus, sólo que son negros) para cantar al tamal y a su gloria.
¿Es entonces la violencia y la mujer las dos cunas de nuestro ancestral tamal y humita? ¿Es que acaso toda mordida de este aprisionado botín es más bien la combinación perversa entre la masticada feroz de un Chuck Cholo violentista y la recompensa de paz de un Inti bondadoso? No es extraño por eso que el tamal se convirtiera durante todo el siglo XIX en la comida símbolo de la navidad peruana, esa que se cantaba con jarana, guitarra y cajón frente a los pesebres limeños, y que daba la bienvenida al niñito Dios con una fuente de humitas calientes y jamás de los jamases con el empaquetado Panetón y Papanoelesco ritual rojiverde contemporáneo.
Que la jarana y el tamal desaparecieran de nuestra mesa navideña es el peor crimen que le regalamos a la memoria del Chuck Cholo, de la Saramama y del dios Inti. Purgaremos nuestras culpas cuando subamos al cielo y San Pedro nos reciba no con desayuno peruano como seguramente nos merecemos después de larga jornada, sino que nos dé las dos opciones que revelen la fatal señal de que hasta el Hanac Pacha está globalizado: “¿Desayuno “americano” o “continental“?”
* Agradecemos las fotos de ella, ella y de acá. * Ah, y gracias a Chuck Norris. Que si no le agradecemos, seguros nos mata. Lean aquí sobre él.
Sigo opinando que Charles Bronson sonaba a Chuck Norris con la mirada nomás (ahorita debe estar en el Uku Pacha con Kotosh y con Kjarkacha).
http://camaradegas.blogspot.com/2008/03/charles-bronson-es-el-verdadero-macho.html
Y hasta Bruce Lee (que seguro tiene un chifa) lo sonaba.
http://camaradegas.blogspot.com/2008/04/bruce-lee-tambin-sonaba-chuck-norris.html
Por otra parte, tienes razón, el tamál también es de “bandera” , aunque los incas no conocían las banderas (y mucho menos la del movimiento gay que dicen “es del Cusco”), y… también el tamal tiene connotación sexual como las demás comidas ?
(prefiero no intentar responderme)
Si no fuera por los tamales no tendría razón de levantarme temprano los días domingos, voy, lo compro a la tía que se pone en la esquina de mi jato (con la ropa puesta encima del pijama) , regreso, como y sigo durmiendo
Muy buena la investigacion, lograron disipar mis dudas acerca del origen del tamal peruano. Justo me estoy comiendo un tamal cubano de desayuno que no tiene ni un maicito de comparacion con el nuestro pero que de alguna manera me ayuda a recordar aquellas mananas domingueras post-juerga en mi jato limena. Se deberia fomentar la re-insercion del tamal como plato navideno acompanado del nino manuelito bajo apercibimiento de que Chuck cholo venga y nos mate al fiel estilo de las lecciones de karate en Fuerza Delta II (vease http://www.youtube.com/watch?v=ryh0zGV6ojc). Ponganse uno del caldo de gallina, seria interesante…
Saludos desde los yunaitesss…
¿el chuck norris cholo no es gorriti?
Yo siempre me he preguntado si el juane es un “tamal Hulk”.
Y Enrike Brujo:
no te metas con mi bandera o acaso alguien se queja de la poco original bandera canadiense que tenemos de simbolo patrio?
La poco original es la bandera canadiense, no la peruana. Sugeriría que por lo menos busques un poco (http://en.wikipedia.org/wiki/Flag_of_Canada) y que compares la fecha de adopción de las banderas por parte de cada país antes de realizar afirmaciones peyorativas en relación con los símbolos patrios peruanos, y menos aún en este tblog.
No te aloques.
Navegando por el internet encontre una de mis fotos que ud no dio los creditos correspondiento , algunas de mis fotos tienen todos los derechos reservador y unas pocoa tienen algunos derechos reservados . Esto es por si alguien desea usar algunas de mis foto siempre y cuando de los derechos de autor, por favor elimine su foto de su pagina porque esta foto es de mi propiedad.
Si ud va agregar el enlace a mi pagina , puede usarla , de lo contrario no doy autorizacion a que mi foto sea usada.
MIMAMOR
Cholega Mima:
Choledad Privada es respetuoso de las autorías de las fotos que utiliza. Tus créditos están al final del artículo con el enlace directo a tu album de fotos del Flickr, y contaba con autorización de Creative Commons.
Más bien, si en alguna otra foto (no sé si en otro artículo has visto fotos tuyas) no se ha puesto el enlace, te rogaría nos detalles en dónde para subsanar la omisión.
Mil gracias
[...] con chifa), las eternas hamburguesas de Bembos donde en mezclar está el plus (hamburguesa con tamal y las nuevas criolla, limeña, norteña y hasta la huachana), Gastón Acurio y “Pasquale [...]
[...] no sólo eso, en este tamal mal envuelto que resulta a veces nuestra identidad, tú recoges las características peruchas que ni el más [...]