Este fin de semana presenciamos dos costumbres bien peruchas que nos hicieron recordar las estrategias notables de nuestra choledad por activarnos y desactivarnos socialmente (aquí las Partes 1, 2 y 3, esto ya dejó hace rato de ser una trilogía):
Modalidad Cholo ON 5: “No me dejarás mentir”
Esta frase emblemática de nuestra choledad es una bucólica expresión por la cual buscamos comprometer a un testigo presente en la escena del crimen de que lo que diremos a continuación es pura purita verdad, pero no porque apelemos a nuestra propia escala de valores calcutense y moralista sino por la sencilla razón de que -en esta oportunidad - no se nos será posible mentir.
Al decir “no me dejarás mentir“, comprometemos al testigo de la pachotada que lanzaremos y lo ponemos al frente cual aval bancario. Al poner énfasis en que el hecho de no mentir se basa en que no nos dejan hacerlo, secretamente proponemos un escenario donde si no estuviera ese testigo, pues… MENTIRÍAMOS. Es increíble, pues mantenemos viva la llama de la confianza a la fuerza, y escondemos en una sobresaliente estratagema traidora de antes que responsabilizarnos nosotros, responsabilizar al otro, porque, claro, de lo contrario no nos dejaría mentir, pues.
Modalidad Cholo OFF 3: El dato de la “tapada”
Otra práctica totalmente incontrolable por la cual anulamos sin querer queriendo a un concuidadano es aportar datos de gran relevancia sensacionalista que más que describir el perfil resumido de una persona, dan la idea de un identikit minimalista y kitsch.
Se hace siempre que en un espacio público donde departe un grupo de amigos, se cruza un visitante conocido por alguno de ellos, y al irse, uno siente la necesidad urgente, viva, justa y necesaria, una obsesión que nos insta a decir, sin nadie haberlo requerido, un dato completamente inservible sobre el visitante pero que asegura impacto.
- “Es gay”.
- “Es vegetariano”.
- “Su esposa le sacó la vuelta”.
Es una costumbre difícil ya que implica concentración y agudeza, pues se debe efectuar estratégicamente a los pocos segundos del alejamiento del visitante. No tanto como para que el encuentro se enfríe y pierda sentido, pero no tan poco como para que se escuche el chisme regalado. Además, es vital acompañar esta práctica con una ademán muy al estilo de las tapadas limeñas, un ocultamiento de la boca con el dorso de la mano y un sutil inclinamiento de 25° del cuello (y es que hay tantos lectores de labios sueltos que uno nunca sabe, pues).
Y no sólo eso, pareciera que debe ser usada siempre que el emisor del chisme no comulga con la calificación otorgada al visitante, y necesita desfogar de alguna forma su disconformidad o su desazón con el tema. Así, se decide regalar el datito, y splash!, uno siente de pronto cual Cifrut un baño cítrico de tranquilidad.
Una modalidad más compleja de esta tradición social es apelar a datos bajo la sombra de la bienllamada “envidia sana”.
- “Este conchasumare se va a hacer una maestría a Harvard”.
Se trata de una envidia que no te mata y no hace daño, sino que se usa para alabar y renegar en una sola frase, o sea manifiestas orgulloso que es tu amigo pero le das su “chiquita” de paso. El acto sublime de alabar y pifiar a la vez, de la cual un cholega nos refirió alguna vez, se concreta aquí en su mejor expresión, y somos capaces de descalificar bajo la bandera del elogio encaletado. Y es que, sí pues, al estilo Zenda, la calidad oportunidad inspira a los maestros.
Maestro Chuto!!
Blaos,
Faltaba decir que este artículo fue inspirado gracias a los aportes, risas y experiencias de los cholegas Cecilia, Erica y Diego.
Ah, y Diego es vegetariano, por si acaso.
[...] siguen las modalidades ON y OFF de la choledad (aquí las versiones 1, 2 , 3, 4 , 5, y [...]
[...] más modalidades de esta su preferida sección. Las versiones anteriores aquí 1, 2 , 3, 4 , 5, 6 y 7) Tags: activando, agarrar de huevón, choledad, cholificación, esa gente, gentita, [...]