Luego del popular “Secretaria Romántica” venía el recordado “La Hora del Lonchecito“, y chibolo yo pero con mi choledad bien a flor de piel (color piel) ya atinaba a preguntarme por qué tenía que volver a comer si en un par de horas me empujaban ya la sopa o el calentadito del almuerzo. Venía el pan francés, el “pásame la Manty“, mi abuela con su tecito jazmín, mi papá con sus aceitunas negras y mi mamá que se calentaba un tamalito. Era el regodeo de una fiesta de mesa que poco tenía que ver con comer en realidad, sino con hablar y compartir.
Y, claro, hasta Jesús se apunta a un buen lonche porque “allí donde hay dos o más de ustedes reunidos, allí estaré yo“, no había que ser fariseo para negar que la Santísima Trinidad entera, si pudiera, compartiría una mesa peruana a la hora del lonche. En el Tahuantinsuyo, un buen protector del lonche incaico hubiera sido el Wasikamayuq, dios tutelar de los hogares andinos que junto a Sara Mama era invocado a media tarde para compartir alimentos con los hijos y los abuelos, acaso el precursor de este espacio folclórico del sabor vespertino.
Pero, ¿qué es el lonche para un peruano? ¿Es el símbolo de una sesión alimentaria reivindicada? ¿Es una excusa para comer una yapita más diariamente? ¿Es un encuentro familiar extrapolado hoy en día al ámbito socio-amical? Veamos…
El lonche como símbolo nostálgico del barrio
Inicialmente conocido como “merienda“, el lonche presupone una imitación de la famosa “Tea-time” inglesa (”te de tías” perucho) y probablemente, aún más lejana, de la “Goute” o merienda francesa (exclusiv
amente infantil). Un “tente en pie” entre el almuerzo y la cena, el Lonche (u “once”, como le dicen en Chile). El lonche que nacía de una cola en la panadería de turno o del sonido de una graciosa corneta, bien al estilo de carcochita vieja… que sonaba a eso de las 5 y que lejos de parecerse al “uva italia” era casi un llamado congestionado del barrio mismo, que atizaba las energías luego que las “planas” del cole se hacían interminables. Qué rico untar la infaltable mantequilla que se derretía al hacer contacto con el pan, más que deliciosa, simple. Y el chancay de a veinte con su café con leche.
Lonches famosos:
a) El lonche más básico y humilde, pero el más emblemático y sabroso, es aquel que llamaban el “lonchecito franciscano“, aquel que consumíamos en casa cuando éramos hijos de familia, en el barrio querido, donde el elemento principal era el pan calientito y recién salidito del horno de la panadería de la esquina. b) El lonche Misio (”la casa es chica, pero el corazón es grande”), donde sólo vale una única bebida y un acompañante (entiéndase guarnición). Generalmente de pie o mientras hace otra actividad productiva. Puede adicionarse al Lonche Misio, dependiendo del tiempo y la billetera, un acompañante adicional, recategorizándolo a un lonche “Progress”. c) El lonche excesivo, donde las Tías Pochas y los Tíos Luchos creen que un lonche es la Última Cena, y deben copar la mesa de viandas, fiambres, panetones, chocolates, centros de mesa, velas arómaticas y juego virreinal de tazas. Mínimo de invitados: 15 personas en una mesa para 8. d) El lonche Cool, donde el usuario se encuentra con plena disponibilidad económica para recibir el servicio en una locación pública, café de moda e, incluso, con la satisfacción de poder invitar. Ernestito Dockers y las ex Zurdanitas son sus importantes anfitriones. e) El lonche Inolvidable, ese donde el usuario accede al servicio con toda la familia, sin importar locación ni capacidad adquisitiva.El lonche como excusa alimentaria
En un país como el nuestro, en el que el desayuno, el almuerzo y la cena suelen ser contundentes, el lonche se perfila como un exceso alimenticio…, no se hace por el hambre, se hace por el encuentro. Cualquier potaje puede ser tomado como lonche, desde una cajita de jugo con una galleta de soda tolaca (en el paradero, esperando la Coch
arcas, o si eres taxista, por un sol y 20 soles de gasolina) o un sófero sanguchón Capresse (en el San Antonio, al lado de la gente linda) con un Café de Chachamayo recién pasado, ya sea frente al carro del emolientero, en el semáforo con unas rosquitas en bolsa, con panetón y chocolate, o un Mokaccino de Starbucks en Surco.
Añadir, claro, que el mejor lonche peruano es, sin duda, un buen calentado. Estás esperando carro para Yurimaguas: entra un pollito calentado. Estás leyendo tu periódico en el paradero de Chocope: entra una fritanguita amodorrada. Estás moliéndote de frío en la esquina de la plaza en Huancapi, Ayacucho: entra un vasazo de emoliente con pan con huevo. Quizás no es un hambre real, orgánico, demandado por las tripas; pero es una oferta atractiva que la voz de la calle te ofrece, y que pocos podemos rebatir.
El lonche como encuentro social
Y es que, repetimos, no se trata de angurrias golosas, se trata de generar excusas para reunir circuitos de vida cotidiana regularmente separados. Y eso hace el lonche. Es un acto social, per se. Es la razón para contar el día, para decir lo que en otros contextos no sería dable decir, el detalle, la risa, la minucia de la historia que a nadie importa demasiado, pero que no tiene la misión de informar sino de invitar.
* Artículo escrito bajo la fina y contundente pluma de las cholegas caseritas Saltamontess, Canelita y DreamPicker en el wiki. Gracias, han hecho de este artículo un recorrer nostálgico único.
Delicioso, grax por la traducción.
Y pensar que somos un país con un indice de desnutrición gigante.
El lonche de pan con cafecito es lo mas rico que puede haber, mucho mejor si la familia lo toma viendo televisión (como para no tener que hablar mucho con ellos).
En fin… todas estas tradiciones tan simpáticas se malogran como todo lo bueno que uno tiene en su infancia, cuando uno empieza a trabajar, a las 5 generalmente ando maldiciendo a alguien en lugar de estar comiendo.
La cultura lonche hasta ha servido de inspiración para un programa de tarde en una radio con música del recuerdo.
Buenísimo ellonche,sobre todo los de las abuelas y las tías, costumbre que esperemos no se pierda con el tiempo.
Personalmente me quedo con los “calentados”.
Un abrazo cholos.
Salió bonito el artículo, Chuto. Y vaya que la nostalgia me volvió a invadir, hasta logró sacarme una lagrimita, sniff. Recuerdo de manera especial los lonches en casa de mis abuelos paternos. Cuando los visitábamos, sobre todo un sábado por la tarde, la nota era llegar con el pan y bizcochos calientitos y varios fiambres. Mi abuelita siempre se las arreglaba para sacar sus buenos calentados, así que el resultado final era un lonche/cena casi festín. Pero aparte de la buena mesa, nunca faltaba la buena conversa, entre risas, chismes y remembranzas que siempre les sacábamos a nuestros abuelos sobre sus años jóvenes vividos en tierras okinawenses. Y ahora que ya no están con nosotros, recuerdos como éste cobran un valor más que especial…
El lonche es algo asi como las pilas, cuando nos sentimos estresados, cansados o aburridos, levanta los animos, te hace sentir acompañado… y es algo asi como un impulso para seguir bregando lo que queda del día… ahhh! eso sí!, compartir todo es lo mas rico!!, cuando sale en la misma chamba cada uno colaborando con alguito… la galletita, el churrito, el choclito, jajjajaa, lo que caiga, siempre es bueno compartirlo.
Creo, si no se equivocan los que alguna vez me dijeron esto, que el término “lonche” deriva del inglés “lunch” que significa almuerzo, para los estadounidenses el “lunch” es un magro pan con mantequilla de mani y mermelada y jugo, o algo similar, pues sus comidas fuertes son el desayuno “breakfast” y la cena “dinner” que normalmente no se come más allá de las 7pm. De alguna manera el “lunch” llegó al Perú y se convirtió en indispensable a las 5pm (como el té de los ingleses) Recuerdo especialmente los contundentes “lonche - comida” que nos hacía mi mamá en épocas de vacas flacas cuando no había plata para cenar.
mis lonches siempre fueron los mismos, y con las mismas personas; lo que si vario a trzvez de los años fueron las horas en las que se efectuaba. Comenzamos a las 4 luego a las 6 luego a la5 luego a las 7, todo dependia de la hora en que nos pudieramos reunir todos. Hoy por hoy loncheamos a las 6, A QUIEN LE GUSTA EL QUAQUER a mi si, soy fanatico, habria que crear el blog del quaquer 3 ositos, mientras
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Por lo que veo, mi estimado Chuto, ud. es un hombre bastante recorrido (y conocedor de nuestro país) ya que poca gente tiende a acordarse de Chocope [juraría que era Chócope] y de Huancapi. Saludo su buen humor, su recorrido del Perú y su amor al lonche. Ya me toca tomar el mío
¡quedó muy paja Mr. Chutenson! ¿me parece o las chicas mete-cuchillo tenemos un super dientazo? cha’que solo hablamos de comida xD
debo decir que los personajes anexos al lonche (el sr. de la carretilla y la corneta, por ejemplo) están en franca extinción y no puedo dejar de apenarme
porque eso significa q los barrios están perdiendo esencia… y eso, creo (corrígeme si me equivoco) seguramente se agudizará con la proliferación de edificios donde el pan delivery en bolsa de plástico (sí, esa cosa q te cuelgan en el pestillo de la puerta a las 7am) será lo único q sabremos del panadero ambulante.
PS: ah, en mi casa mi mamá había hecho una bolsa de tela exclusiva para el pan, que jamás se mojaba con el calor de lo recién horneado
Claro un buen lonche es algo agradable, lamentablemente el lonche misio ahora es más misio por la subida del precio del pan, que abuso!!
Que tales recuerdos,me llego el del negro veneno,al que su mama le preparaba un pan con pescado que era la muerte,solo que nadie moria,ya que de tantos “combis”al pobre veneno solo le quedaba un mordisco y medio que lograba poniendo medidas a las mordidas que le dabamos al valiente pan.
Jugabas la pichanga o el matagente en la calle y aparecia la abuela a anunciar que el lonche estaba listo. Leche enci, azucar rubia, pan frances y una caja de Dorina. Las aceitunas se las comia mi abuelo y mi madre. De repente una jamonada, delicia que a veces adornaba la mesa. En la TV, Robotech, y a un lado el libro Escuela Nueva para hacer las tareas en la noche, antes de acostarse.
[...] hasta ahora? Pues sobre el trauma chileno, sobre los combinados, sobre la identidad combi, sobre el lonche, sobre el himno nacional y sobre el huevoneo (pendiente). ¿No son esos nuestros mejores [...]