El “mundillo” legal (no porque tenga algo de mundanal) está plagado en nuestra Lima gris de la choledad más privada.
En esa jungla de términos complejos donde eres entrenado a decir una idea simple en 30 párrafos y con la menor cantidad posible de signos de puntuación que estorben, construidos como para que nadie los entienda (y en el que para entenderlos hay que pasar previamente por Caja-tambo, ciudad muy linda, por cierto), donde los gerundios y participios reemplazan a los verbos (”considerando”, “viendo”, “visto el caso”) existe un personaje de peculiares características: nuestro querido boga cholo.
Así es, cholegas, el supuesto defensor de causas perdidas y solucionador de problemas irreconciliables, aquel al que le tienes que tener tanta confianza como a un policía cuando te para en la calle a medianoche. En esta oportunidad nos referiremos a un boga cholo singular, ese de las altas esferas, el asesor legal de cabecera de Marianita Villa cada vez que se le rompe una uña o se divorcia de su marido y el encargado de cerrar las grandes transacciones empresariales. Cholegas y choleguitas, les presentamos a Chicho, el boga ficho.
Boga desde la cuna. Desde niño su padre, el jurisconsulto Don Ismael, lo introdujo en las artes de crear ese código linguístico y civil para ser distinguido entre sus semejantes como un ser extraordinario. El día del padre era su favorito ya que tenía que decir en voz alta ”SI, MI PAPÁ ES ABOGADO“. Cuando le preguntaban qué quería ser “de grande” siempre respondía categórico: “Yo quiero ser como mi papi: UN GRAN ABOGADO” (como si grande fuera sinónimo de gran), cuando le preguntaban “¿y por qué?” la respuesta obvia inmediata era: “porque me gusta leer un montón, soy bueno en letras (qué diablos significa eso), tengo buena memoria (algunos Chichos insisten en llamarla “memoria fotográfica”) y me encanta defender mis ideas (o sea, “soy terco”)”.
Las aulas magnas. En la etapa universitaria era, entre sus compañeros de otras especialidades, de los pocos que iba a sus clases de Derecho en
terno. Cuando le preguntaban si no se sentía raro yendo a trabajar en terno respondía con esa mueca de sorpresa de virrey perucho ninguneador “Te acostumbras compadre, aunque… no lo entenderías” El terno no surtía mayor efecto sino era además acompañado de una cerrada de ojos sutil y una sonrisa complaciente a lo Gaseovet antes de iniciar su intervención académica. Tal como su padre lo había asesorado, solía ir a los eventos extra académicos para juntarse a chupar una chelas con el decano, con el escondido y obvio deseo de que pudiera pasar del “Buenos días, doctor” al status horizontaloide del ”Hola, Juan Lucho“.
Practicando ala ISIL- Chicho tenía que postular a sus prácticas lo más temprano posible y en un Estudio con denominación trabalenguística, de rimbombante fonética y con las letras bañadas en oro colocadas en la entrada. Así, cual restricción publicitaria en radio (de esas que nunca terminan) y casi sin respirar, Chicho hacía alarde en sus clases del nombre del Estudio, perdón ”firma de abogados”, donde practicaba. No extrañaba que utilice frases como “En el Estudio vemos varias transacciones” o “tenemos clientes muy importantes“. Sus diferentes tareas iban desde largas travesías en bus al Poder Judicial a entregar “papeles” al señor Requena, recoger el terno de su jefe de la lavandería e incluso amanecidas fotocopiando expedientes. Como los concursantes del programa de Gisela, la idea era inmolarse por un sueño, ser un nuevo valor del Derecho con la demencial consigna de pagar derecho de piso (y lavarlo, de paso). Después de todo, el ascenso sería casi instantáneo, pues los abogados mayores y Don Ismael pronto harían que el leguleyo Chicho pueda tener oficina propia tras su sustentación “con honores”.
Medallas y enjuagues de título- En su paso por la Universidad, Chicho tenía que ir construyendo el linaje de choliboga ficho que su padre le enseñó. “Métete hijo, sal en la foto, que te vean” le aconsejaba. Así Chicho postuló a una revista de Derecho (para empezar a publicar sin necesidad de escribir ni una letra), se anotó como asistente de un profesor de Derecho de Familia y asistía a cuanto seminario de Derecho había (hasta a los de de Procesal) para, cuando menos, “hacerse de un buen CV“. Claro pues, Chicho debía no ser sólo ficho sino también ilustrado (aunque nunca tanto como Nachito). Eso sí, Chicho, moría por el derecho penal, pero le gustaba más como sonaban esas conversas de los bogas “corporativos“, esos términos en siglas en inglés que nadie entiende, eran sus favoritos. “Deals”, “Es-pi-eis (SPAs)”, “closings”, ”rates”, “joint ventures”, fusiones de empresas, términos bursátiles y el sueño de una maestría en Nueva York eran su gran anhelo (¿Master en Lima?, no pasa). Nuevamente su padre al oído “Penal y procesal es para cholos, hijo, de esos se titulan cientos al año, métete donde está la plata, las grandes corporaciones, las mineras no tengas mentalidad de bodeguero“.
Vestimenta de nivel- “Donde fuereis haced lo que viereis” le decía su viejo al oído, cual Cuy Mágico en versión Serie Rosa. Chicho copiaba los ternos ingleses de sus jefes, las camisitas con las iniciales (para que no se pierdan) y los gemelitos dorados para que algo brille como limpiado con Brasso. Las corbatas se convirtieron en su deseo del mes, y sobarse con su texturizada materia podía llegar a asemejarse al goce carnal con el sexo opuesto. Aparecerse en una reunión sabatina o en la parrillada del domingo bien a la tela directo de la oficina con la camisa remangada empezó a ser parte de su fotocheck social y estar a la altura de sus amigos abogados (para seguir legalizando los ratos de ocio) y con los no-abogados, los Ernestito Dockers.
Sobredosis de moralidad y buena fe.- Pero lo más importante en la vida de Chicho es la moral y buenas costumbres, la ética y la “deontología” tatuada en su corazón leguleyo, ese slogan que las empresas tan bien venden saben hacer: “la responsabilidad social” (o sea, ser responsables socialmente, donaciones, fotos, pancartas, auspicios, esas cosas ya tú sabes). Su meta: lograr que la ciudadanía quiera nuevamente a los abogados, confíe en ellos y no sean más asemejados a los tiburones de Spielberg o a los roedores de cloacas. Por eso, Chicho JAMÁS llamaría a su papá luego de chocar el Peugeot y con unas copitas de Blue Label de más en el organismo con el fin de abusar de la influencias de su Pater Familias, o sería incapaz de terminar de redactar una denuncia de propiedad intelectual para pasar luego por Polvos Rosados y comprarse la última temporada de “Heroes”, o de escribir una columna entera en el MercioCo o en el Boletín Semanal de su institución denunciando el aborrecimiento corruptil del Estado y luego salir a almorzar con el Juez de su caso vigente para conversar de la vida y “otros” demonios.
Uf, felizmente existe Chicho, el boga ficho, defendiendo, cual francotirador desde las torres gemelas miraflorinas, sanisidrinas o donde hayan instaurado su habitat de cemento, las causas de nuestros empresarios pujantes y valerosos que sacan la cara por nuestro país.
Que GENIAL descripción de todos mis amigos/conocidos abogados. Leer esto ha sido como condensar lo q uno vive cuando cruza la facultad de derecho de la PUCP.
Muy divertido XD
Chuto,
No jodas!!! Has descrito a mi primo!!!! Se llama Chicho y es ese mismo tipo de abogado. Le has dado en el clavo. Que degenero el del personaje que describes. Todo vale para él y encima arribista. Creo que es también el típico “Nouveau Riche” que compra, se viste y amuebla pero sin buen gusto por más que intente. Ya será su hijo/a o nieto/a quién viviendo en la opulencia desde su infancia logre tener “Le cache” de “old money” que él siempre quizo y no podrá tener. Lo pongo en ingles porque sé que le encantaría a Chicho.
Genial el blog… recien lo conozco.
Felicitaciones…
Son bienvenidos a Peru con P De…
Un Abrazo!!!
Caracho, eso me hizo recordar al segundo abogado que tuvimos que contratar, para un juicio contra un vecino faltoso: se quebró al toque, cuando se dio cuenta que el demandado probablemente era narco…
el anterior era un viejito que se quedaba dormido en los tribunales… incluso se quedó dormido en un juicio que ganó, en plena lectura de sentencia…
No, de aburrimiento no moriremos. :S
jajajjaajaja. Chicho el abogado arribista. Wena
Puta, qué pena…
Osea, encima de tener que ser abogado como su papá le dice, hasta tiene qe ser el *tipo* de abogado que el viejo le dice… :’-(
“Uf, felizmente existe Chicho, el boga ficho, defendiendo, cual francotirador desde las torres gemelas miraflorinas, sanisidrinas o donde hayan instaurado su habitat de cemento, las causas de nuestros empresarios pujantes y valerosos que sacan la cara por nuestro país.”
cara por nuestro pais?? para esa gente el peru se se acaba donde acaban sus distritos fichos, ademas como el mismo MVLL dijo hace poco en un severo y extrañisimo ataque de honestidad, las elites en el peru solo han sido educadas para ganar dinero son incultas y mal educadas, es realmente la clase media, media baja incluso,la verdadera pujante y valerosa que ve en la educacion un vehiculo hacia la superacion y en el arte una forma de expresion sublime de las circunstancias que afrontan, es esa clase social, (chola) de donde han salido los ilustres personajes cuyo aporte ha trascendido incluso mas alla de los no pocos y diversos limites fisicos,mentales, etc, de este pais; obras trascendentes impregnadas de verdadero peruanismo, no despreciables cariturizaciones de lo que es ser cholo, como esa ultima pelicula llamada la teta asustada,y este blog.
Jajajaa que cague de risa. muy bien escrito. Chichos hay muchos en Lima.
el 80% de mi promo de la pucp calza alli….jajaja
ja q habla el ultimo..la facultad de derecho de la pucp? ahi hay puro cholo terruco, no hay ningun abogado ficho,
catolica=san marcos privada- RALPH