¿Tenemos los peruanos un sentimiento encontrado con el exceso de cariño por parte de quienes no queremos sentirnos encariñados? ¿Somos ariscos a la intromisión de nuestros fueros íntimos y denigramos a quien osa cruzar la línea invisible que une en una llamada o un saludo a los de arriba con los de abajo?
Caso 1: Amiga
Cuando Ana Gabriel le dice a su amiga Vikki Carr que tiene el corazón herido porque el hombre que quiere se le va, o cuando Alejandro Sanz no sabe qué decir ni qué hacer para ver feliz a una comadre, no surge en nuestra choledad privada ninguna señal de reprobación ni aflora ninguna práctica de choleo sistemático hacia esos cantantes pop por el uso del “amisteo”. Es más, son las primeras que se cantan en el karaoke, no me vengan. Los españoles y mejicanos amiguean como si nada y nosotros, ni nos damos por enterados. Ese “amisteo” tampoco generaba escozor cuando Fiorella Rodriguez se dirigía a su público como “amistad” o “amistasí”.
Pero basta que a una chica “bien” le caiga un cariñito de este tipo para que arranque en un amasijo de burla y cólera encontrada, símbolo de su choledad más privada: “Amiga, ¿estás en la cola?“, y ahí mismo la novia del Jóse entró en un estallido de risa mientras le lanzaba esas miradas al estilo Simón/ Pedro negando a Jesucristo. “‘Amiga’… qué chola” voltea donde nosotros esperando nuestra aprobación obvia (la cual nunca llega) y luego trata de justificarla “ni que fuera su amiga, oye, esta gente con esas confianzas“, logrando así ridiculizar el acto confianzudo de la amable chica que desde esa lejana condición de Otredad donde la vemos había osado pasar de la mano al codo demasiado rápido y sin permiso notarial. Desde esa misma lejanía no parece incomodar la referencia a un término genérico que evoque esa noción de amistad como el famoso “Amigo Transportista“, sin embargo, cuando esa lejanía se te acerca y te identifica de manera directa, el tratamiento no parece ser el mismo.
Si este cariñito oral que nos regala nuestra choledad es la prueba más firme de que el perucho vive sumergido en un escenario de armonía amical sinigual con sus semejantes, ¿por qué se mal-cholea y se ridiculiza en el mundillo fru-fru-fru de nuestra Lima nice el uso del “amigo/a”? ¿Preferiríamos que nos diga “ciudadana”, “compatriota”, “camarada”, o el siempre formal “señor/señorita” que es el término convencional por el cual nos gusta que los peruanos en ubicación servil o subalterna se nos dirijan (no en vano la empleada de servicio, el chofer, el portero o cualquier empleado en consigna de atención al cliente está acostumbrado a formalizar la relación cara-a-cara con este último y nunca con un “amigo/a”)?
Caso 2: Cholo Button
Pasa lo mismo con el astuto “joven” que regalamos a discresión en la choledad y que ha sido apropiado por el público femenino hacia un varón. “Joven, ¿tiene hora?” y aun cuando tengas 45 años, el joveneo se convierte en un acierto afectivo que cual Natura Cronos nos rejuvenece al estilo Benjamin Button, pero que le arde en la entrepierna al Ernestito Dockers que llevamos dentro al traducir ese “joven” en un acercamiento demasiado frontal con la choledad que no queremos compartir. “¿Joven?… así me dice mi empleada, no malees“, me cuenta Jóse cuando le toco el tema, sin valorar lo mucho que en este mundo fashion importa no parecer un adulto mayor a tus 30s.
Irónicamente, mientras en el caso del “amiga” la informalización resulta ofensiva en lugar de un “señiorita”, en este caso resulta lo contrario: Es más cool informalizar la llamada a un “joven” diciéndole “flaco”, por ejemplo, porque convierto en calidad de cuasi-”pata” a mi semejante, y de pasadita, aprovecho para flaquear su posición con respecto a mí (a ver si te atreverías a decirle “flaco” al policía negro del spot de Berlitz sin esperar que te gomee sin piedad; sólo le dices “flaco” a quien crees que puede soportar ese apelativo). El chocherismo, el maestrazo, el profe, el tío… todos esos son llamadas políticamente más correctas en el mundo Circo Beat de lo aceptable que un mundano y subalterno “joven”.
Como bien lo acertó el colochega Jaime, se hace ridículo ya hincarnos por aquellos puentes que nos lanzamos los de abajo con los de arriba y viceversa para luego deshacer el puente de los suspiros o burlarnos de quien lo cruce. ¿Cuál es el escenario ideal para que los jóvenes y las amigas nos encontremos, o todos abajo o todos arriba, pero juntos?
Hace tiempo que los leo pero recien me animo a comentar.
Eso es algo que yo tampoco entiendo. Por trabajo me ha tocado conocer muchos colombianos, mexicanos, argentinos, españoles, etc. y todos, o absolutamente todos, usan las palabras “amigo” o “amiga” para referirse a extraños. Y nadie dice nada. Nosotros le hemos dado ese peso de “choledad” a la palabra.
Cambiando de tema, mira el link que encontre buscando el tema de los stickers de las combis en internet. Te juro que cuando empece a leer el articulo pense que se referian a nuestra querida Lima. Pero no, se trata de Botswana. Increibles las similitudes, hasta usan la palabra “combi” para su transporte publico:
http://www.mmegi.bw/index.php?sid=1&aid=7&dir=2009/January/Monday12
Los que aplican el caso 1 y “amiguean” a medio mundo se han tomado muy en serio la canción de Roberto Carlos, y lo emulan al querer tener “un millón de amigos”. Qué tales confianzas…
Ya en serio, algunas Marianitas probablemente prefirirían que las amigueras ni siquiera les dirigieran ni la palabra ni la mirada.
Cómo quisiera poder responder a tu última pregunta, Chuto, y ufff…me quedo muda. Pero al menos vamos reconociendo que efectivamente hay ajustes que hacer a la infraestructura de nuestra choledad, ¿no?
a mi me basta con decir “disculpa” o “bro’er”… se puede aplicar?
salu2 cholegas…
No seas malo pues AMIX (puajjjj… perdón pero a mí sí me da cosa la gente que se achibola usando la X al final de las palabras…puajjjj)
Lo cierto es que ANTES de que esa monumental tarada (a.k.a. Fiorella Rodriguez) le dijera AMISTAD a cualquier farandulero mamarrachento, yo usaba el AMIGO/A de potente cariño con mis patazas del colegio y de la universidad… Lo derivamos en mil palabras afines: “amigaaaaa (con su estirada de aaaaaa)… “amiguoooo (con su O interrumpiendo el paso)… “amiguisima/o (para los más cercanos y camotudos). Ojo Chuto, lo último que soy es Mariellita Villa pero el AMIGO/A es signo de taradez, no de choledad.
PS: lo del joven Button es tan OBVIO, que por eso avergüenza al amigo DOCKERS XD
Chuto: A mí no me gusta que me diga “amigo” alguien que no conozco. No me parece que sea cholo o no. Creo que es incorrecto pues, si no hay amistad, entonces no es posible ser amigos. Yo no le digo “amigo” a un hombre ni “amiga” a una mujer que ¡no sé quiénes son! Cuando quiero saber algo en la calle, y toca consultarle a alguien desconocido, hago esto: Si son “grandes”, digo Sr./Sra. y, si son “chicos”, digo “Perdón, me puede decir la hora / la calle / el día / etc, etc, etc”. Siempre de usted y siempre pidiendo disculpas por haber interrumpido a una persona extraña en la calle. Creo que esa es la forma, pero como todo en la vida, hay opiniones. ¡Qué estés bien!
Cholega Laura, es bien interesante tu manera de enfocarlo, que es lo que argumentábamos en el post: en esta onda de la “desatención cortés” que nos ha regalado la modernidad por la cual hablarle a alguien en la calle supone casi “molestarlo” o “interrumpirlo” (pero no estaba haciendo nada), y por ello debemos casi obviar su existencia, nos desagrada el exceso de confianza de una persona al llamarnos “amigo”.
Sin embargo, ¿por qué crees que sea una práctica más popular entre las clases medias y populares, que entre las altas? ¿No te parece que eso nos dice mucho de la receptividad cariñosa y afectuosa del peruano “de a pie” y de la reserva y el recelo con el que nos manejamos en otros estratos? Quizás ni con los estratos tiene que ver, pero sí con la manera con la que queremos relacionarnos con nuestra comunidad, desués de todo, para poder construir identidad, necesitas reconcoerte y reafirmarte en el Otro que camina por la calle, ¿por qué no podría asemejarse su “amigo” a un simple “hermanito”, “tío”, “primo”, “compadrito” o demás términos que todos compartimos sin mayor problema. O es que, cholega Laura, vamos a ponernos quisquillosos por el exceso de cariño de nuestra peruanidad?
Querido Chuto: Creo que, en mi caso, el tema está en que tampoco le digo “hermano” a quien no siento como tal o “tío” a quien no sea mi tío (de hecho, a mi mamá nunca le gustó tener “sobrinas de cariño” y supongo que me transmitió lo mismo y por ello, por más que quiera inmensamente al papá de mi amiga, pues no le digo tío porque… ¡no es mi tío! ¿Acaso hay más cariño en “primo” que en llamar a alguien por su nombre? ¿Cómo se mide eso?) Te doy otro ejemplo. El hermano de mi cuñado y yo somos padrinos de mi sobrinita, entonces, él es el único “compadre” que tengo. Y así y así. Y nada, para demostrar cariño prefiero decir “Señora linda, ¿me regala la hora?” a decir “Amiga, ¿tienes hora?”. Ahora, sobre el interrumpir a la gente, pues sigo creyendo que sí lo hacemos cuando consultamos algo en la calle. Digo, una persona puede estar parada en un parque y pensando en pajaritos o en cómo salir de una crisis, el tema es que no tenemos cómo saber en cuál de los dos temas está ocupada su cabeza y por eso prefiero optar por disculparme previamente y así pecar por exceso y no por omisión. Y sí, soy quisquillosa querido Chuto, ¡pero con el uso correcto de las palabras! A eso me dedico al fin y al cabo. ¡Un saludo!
Jaja… En la calle nunca respondo cuando dicen “amiga” o “flaca”. Carajo! Ni tengo amigos, ni soy flaca!
Quizá no tengo amigos porque no soy flaca???
Ahhhh! Yo tambien odio que me digan amiga!