Ayer me acordé cuando en el cole nos leían algunos de los cuentos de los broders Grimm Brothers.
Uno de ellos, el de Hansel y Gretel, tenía una escena que durante mi juventud chola empecé a cuestionar porque entraba en franca contradicción con mi código perucho. Los niños están apresados en la jaula de la bruja para su respectivo engorde, y ella mete la mano cada mañana y palpa a sus futuros almuerzos vivientes, pero los niños bien criollos (a lo Cereales Ángel) se esconden y le ponen un huesito pelado para que la malvada mujer piense algo así como “uy, puro hueso no va” y los deja vivos un día más. Pero, si la bruja fuera peruana ¿no hubiera acaso chapado y chupado hueso antes de hacer un caldito de chibolos bien sustancioso?
El peruano, al son de la canción de Chacaloncito, come a sus presas hasta que llegue el momento de chocar chupar el hueso, en una optimizada manera de ir más allá del “chuparse los dedos” para llegar hasta la osamenta misma. Frida Höller no lo consiente pero es claro que las familias peruchas (sobre todo, las norteñas) tenemos una debilidad crónica por la chupada de hueso, no sólo porque honra el deseo de toda madre de que “nos terminemos TODA la comida“, sino porque constituye el ultimátum consumado que todo comensal le da al difunto ser devorado en señal de aprobación, ahorro y respeto por su interior.
Nadie como el perucho para ese estilacho bien a lo Alfredo González para Hmmmmm calatear el hueso hasta su más aseada expresión. Porque acá no estamos hablando de morder el hueso y jalarle la carne ah, acá se trata de ser inmisericorde con cualquier articulación, nervio o molécula de materia carnal, la meta es consumar a masacre sin dejar señal clara de que antes dicho hueso formó parte de una vida bípeda o cuadrúpedamente animal, tan alejada de su anterior forma que ni el CSI de Huacho sería capaz de resolver el crimen perpetrado.
Dejar el huesito inerme e indefenso sobre el plato es el coqueto desenlace de un amor de perros entre el comensal y su presa. Lo que antes fue un cabrito tierno e ingenuo o una pieza hermosa de un osobuco inmenso, ahora es un sólido fósil blanco amorfo sin tuétano que lo respalde, lo que antes fue un pollito a la brasa jugosito, ahora es un conjunto indescifrable y arqueológicamente desafiante de piezas trituradas y apiladas sobre el plato cual residuos del holocausto más terrible, lo que antes fue un cuy lozano y gordinflón, ahora es el tesoro andino de un morboso choleccionista de huesos.
Los cholos peruchos hacemos así honor a esa tradición turística por la cual nos encanta ver los restos óseos de nuestros antepadasados cual joyas de historicidad: la momificación, las tumbas reales, las trepanaciones son en realidad la inspiración prehispánica que nos induce a carcomer y jugar con todo hueso que se nos enfrente al son del tropical “que no quede huella, que no que no“.
Pero esto no es todo, la costumbre del aseo óseo sistemático que ejercitamos es también una práctica, qué-comen-que-adivinan, estratificadora. Cuanto mayor nivel socioeconómico se ostente, mayor lejanía habrá entre el comensal y el hueso deseado.
Una familia privada de su choledad no descarna con voracidad, siente que el hueso es la evidencia del límite autoimpuesto, un límite al que el cuchillo no le permite llegar. Yo me pregunto, después de un estofado o un arrocito con pollo, ¿no vale romper el cartílago con los dientes?, en el invierno, ¿no vale tomar sopa de patitas de pollo, pescuezo (con esófago y todo) y menudencias hepáticas y viscerales? No, no, no. Ni siquiera venden patitas de pollo en Vivanda o Wong (tienes que mandarlas pedir a la cocina, y te las entregan por lo bajo, en silencio, como un contrabando calladito) y normalmente son embolsadas con la excusa de que alimentarán al perro de la casa. Pero, ¿dónde está el “guárdame el alita“o el ”déjale a tu papá el espinazo” que enlaza en complicidad a las familias del hoy por hoy? ¿No es acaso esa famosa frase “es un hueso duro de roer” el desafío más grande al que un perucho puede enfrentarse pero que lo fuerza a desarrollar sus capacidades para roer mejor y salir adelante?
La mamá de Tuco insiste en que no debo contarle a extraños que como patitas de pollo, y que debo dejar el hueso a medio cortar en el plato mientras esté en casa ajena pero algo en mi canibalística choledad me dice que esa prohibición tiene menos que ver con los modales, Carreño y las etiquetas correctas, y mucho más que ver con las intimidades que nos ahorramos y con la megasacralización del tenedor-y-cuchillo como reemplazantes fríos de esa añorada relación entre nuestras manos, los huesos y los sabores que nos unen.
Opiniones de los peruchos sobre “chupar el hueso” en foros y blogs.
Morsa, ¿la capacocha será nuestra explicación originaria de la chupada de huesos?
Siento que despues de este buen costillar a la criolla, pasará un bien tiempo para que yo pueda disfrutar de este plato, asi que mejor me olvido del resto y empiezo a masticar lentamente, sintiendo el jugo de la carne en mi boca y mi estomago. Y cuando llegue a la presa, pues deborarla, lentamente, y no dejar ni un rastro de carne. Que no friegen los perros que esperan que le lance mi hueso. A ellos siempre le toca la mejor parte. No. Voy a chuparme el hueso, le sacaré toda su medula, toda la carne, lamiendola de arriba abajo, sin mirar a nadie, raspando la blancura del hueso sobre mis pocos dientes. Después ya me pueden matar.
Chinasklauzz
jajajajja qué buen post! la verdad a mi nunca me gusto chupar el hueso, es más, antes comía la carne hasta justo antes de llegar al hueso… me daba no sé qué… fácil remordimiento! jajajajaja
Estimado colega chutiño, tiene usted razón, que rica merienda cuando uno le da hasta el huesito, a veces se chupa, otras veces hasta se come la parte cartilaginosa…
pero bueno, recuerdo en un viaje a Canta, que en un pueblito llamado “San José”, que el conseguir comida se hacía bastante complicada ante la falta de productos…tal es así que recuerdo que en mi primer día comi “huesito-broaster”, este suculento platillo consistía en hacer “broster” del cuellito del pollo, así que (re-pensando tu post) creo que la precariedad llega al punto en el que uno no chupa el hueso, sino que es lo único que queda por comer…
Queridos cholegas: Sé que no tiene nada que ver con el tema, pero bueno, en este momento estoy viendo la serie Al Fondo hay Sitio de América Tv y aprovecho la pc al lado para escribir algunas observaciones. Creo que está de más senalar los errores que presenta su representación de la choledad en su primer capítulo:
1.- Laslo Kovacs como nuevo rico? Aún queda el recuerdo de Junior de Qué Buena Raza.
2.- Cholos bailando música de Afrodisíaco??? En el 2009??? Qué los seniores estos no saben que existe algo llamado Cumbia?
3.- Las supuestas cholas que estaban en la fiesta jamás irían a mi cumpleanios.
4.- El cuadro del abuelo al óleo es lo más surrealista que puede haber. Con un polo amarillo y cruzado de brazos luciendo un reloj. Yo esperaba que fuera como el de mi abuelo, mitad de cuerpo, pelo engominado y un terno falso dibujado.
Me gustaría que dedicaran unas cuantas líneas a este tema.
Lo mejor: Magdiel Ugaz, si no hubiera perdido la grasa que ganó deliberadamente para hacer de chola secuestraora en Maniana te Cuento 2
Lo mejor de los cuyes es que sus huesitos son tan delgados que luego de un buen kankacho (preparacion que consiste en asarlos en las brasas) quedan todos listos para ser comidos crocantitos, asi que no queda nada, nada! de las patitas que son las que mejor se hacen. Talento especial requiere comerse la cabeza del cuy y sacar intacto el huesito de la buena suerte.
Amazilia…¿la cabeza del cuy? ¡Uy, uy uy!…lol
Claro, si comerse un pollo, sobre todo a la brasa, y dejar sólo los huesitos es lo más divertido, más aún si usas los instrumentos que la madre naturaleza te otorgó, es decir tus manitas limpias. Y ni qué decir de un pescado frito entero, dejar sólo el espinazo es todo un arte en el que estoy bastante bien adiestrada, jajaja. Allá ellos si se quieren privar de la deliciosa choledad, y ni siquiera llegan a ver el hueso, pues estarán comiendo una milanesa con pollo DESHUESADO, ¡plop! y claro, bien al cuchillo y tenedor.
Creo que en Arequipa es donde se cascan bien los huesos…y no solo de cuy. El costillar es un plato muy popular por esos lares tambien.
Saludos
rafo
No se si es cuestión de status social o económico. Mi esposo vienen de un hogar humilde, pasó muchas privaciones durante su infancia pero el jamás roería un hueso, nunca lo hizo ni cuando no tuvo ni un hueso para comer. A mi me gusta hacerlo en algunas oportunidades y yo vengo de un familia de clase media a la que nunca le faltó nada y la comida era lo que más había en mi casa. De hecho solo puedo morder hueso de la pierna del pollo, cuando la comida estuvo muy buena y cuando estoy en mi casa sin invitados porque que roche!!!!!
NO HAY STATUS SOCIAL EN LA MESA, COMER BIEN NO SIGNIFICA GASTAR MUCHO, COMER BIEN SIGNIFICA SABER GASTAR Y SABER COCINAR.HAY QUE SABER COMER PA´DISFRUTAR DE LOS HUESITOS.
AQUÍ EN ESPAÑA COMEN JAMÓN HASTA POR GUSTO Y ES CARO, A MÍ ME INVITAN Y YO DIGO QUE EL JAMÓN COMEN LOS GATOS EN PERÚ, COMIDA CRUDA,,,AGGGGGG, UFFFF NADA QUE VER, NO HAY COMO NUESTRA COMIDA, LA MEJOR DEL PLANETA. JAMÁS ME HE SENTIDO CORTO ANTE NADIE POR COMER MIS HUESITOS HASTA EL FINAL,, AQUÍ EN LAS MEJORES POLLERÍAS DE MADRID LO HAGO Y NO ME SIENTO MAL, RECUERDO QUE COMERSE UN POLLITO A LA BRASA EN “EL FESTEJO” Q SE SITUABA ANTES EN EL JR, TRUJILLO EN EL RÍMAC, ERA LO MÁXIMO Y ALLÍ LA GENTE COMÍA CON LAS MANOS HASTA EL FINAL, CREO QUE ERAN POCOS LOS HUESITOS QUE QUEDABAN DE AQUELLA POLLERÍA, EXQUISITO.
AQUÍ EN MADRID ME COCINO UNAS PATITAS DE TERNERA Y LAS DISFRUTO UFFFF HASTA DECIR BASTA , YA LOS HUESOS QUEDAN MÁS BLANCOS QUE EL ALGODÓN Y LA GENTE ME VACILA EN LA CHAMBA, PERO YO NI CASO LES HAGO, SOLAMENTE LES DIGO QUE USTEDES NO SABEN NADA BUENO DE LA VIDA , Y ME VACILO,,,,,,,,,JAJAJJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJA.
Lo natural , al ir a un restaurante peruano ves como la gente esta chupando los “huesitos” y a veces te ofrecen queso y yo digo : ” queso come mis ratones ” y a veces me ofrecen jamon y digo : “jamon come mi gato “.Y o lo que quiero son los suculentos “huesitos” al chuparlos se siente un gusto…A mi una vez por estar comiendo huesitos (yo no los chupo , sino me los como)y me operaron y me quitaron el apendiz .
Asi que no conviene mucho comerse los huesos solo chuparlos , bueno me voy a comerme mi “huesito broster”.
CARLOS
“Hijito cómete el huesito, si no lo quieres dámelo a mí”, decía mi abuelita. Qué delicia era hacerle caso (a ella y casi toda mi familia); podían darme carne humana y yo podía roer y destrozar el huesillo “feliz”. En fin ya entrado en años puedo entender por qué la gente haga caso a los gastronomistas, mientras los nutricionistas son los charlatanes del Perú. El sexo y el gusto, ¡qué buena pareja!. ¿El animal racional? ajajaja