Nuestras tierras cholas cobijan en su regazo dos frases que afloran en momentos en que nuestro autismo más básico nos posee, queremos aislarnos del mundo y desacreditar cualquier opinión que contradiga en lo más mínimo el eco de nuestra choliconciencia o del individualismo más puro y duro. Estas dos modalidades de nuestro antes comentado switch activador y desactivador de nuestra choledad son la mejor manera de cruzar el río sin mojarnos y al mismo tiempo mostrar nuestra neutralidad más representativa al tiempo de quedar bien con el prójimo habitante de estas tierras (versiones anteriores del ON/OFF acá)
Modalidad CHOLO-ON 10: El cholicomio
Ya lo decía Serrat, cada loco con su tema, nosotros lo repetimos amplificado en la voz de nuestros apus y con la imagen adjunta que todos llevamos en nuestra mente cuando nos referimos a un loco peruano escapista del Larco Herrera: un loco calato, aquel ser perdido en su propia burbuja de perdición que camina desnudo por cuanta avenida, jirón, vía expresa exista en nuestra tierra.
¿Cómo usar la famosa frase? (i) En primer lugar, elegimos un tema de conocimiento público, (ii) nos pronunciamos críticamente respecto de dicho tema con la ligereza que nuestro descaro nos permite, (iii) nuestro interlocutor se mueve en terreno gris y neutral, aprueba y luego desaprueba la opinión e incluso señala estar “pensando en voz alta” y (iv) finalmente, al verse perdido por la relativización de su argumento, prefiere huir despavorido cual loco calato de la escena y lanza la prédica “en fin, no sé, cada loco con su tema“.
Así es cholegas, cerramos los ojos y nos ubicamos en un escenario donde vemos desde lo alto nuestra choledad como un manicomio gótico donde cada loco efectivamente vive su propia fantasía, donde vive un mundo regulado por su propia coherencia absurda. Vemos los extremos bipolares y maníaco depresivos de nuestra más privada choledad, una torre de Babel donde cada uno habla su propia lengua y ante el poco espacio para el entendimiento es mejor que cada uno siga su propio camino y su propia lógica, es decir desentendidos sin el esfuerzo de escucharnos.
La frase, cholegas, funciona como el artificio perfecto para justificar situaciones activadoras de nuestra choledad al tiempo de efectuar un toreo olímpico sobre la toma de posición ante un hecho o situación determinada. En efecto, al decir “cada loco con su tema” nos convertimos en los Mario Poggis de nuestro terruño donde adoptamos nuestra propia identidad. Veamos la utilización del término por parte de nuestra cholega Dejo luego de una entrevista formulada por Jaime Bayly:“Sí me resentí por sus palabras, pero seguí para adelante y creo no haberme equivocado. No acepté las insinuaciones de Jaime, bueno las cosas muy directas que dijo… cada loco con su tema y si ese está loco, que se quede con su locura. Ya fue para mí”, respondió tajantemente“.
Como se puede ver, incluso la locura puede terminar siendo el compañero perfecto para desplantes y momentos de máxima soledad. Pero este estado de locura adquirida que hemos desarrollado con ponciopilatesca actitud choca curiosamente con ese hambre de información ajena que nos caracteriza y que se convierte en una de nuestras principales materias primas: el chisme. ¿Será que en este cholicomio intentamos desentendernos de uno de nuestros hobbies favoritos?
Modalidad CHOLO-OFF 10: “Nadie sabe lo de nadie”
Otra herramienta que funciona para, cual Matrix, esquivar las balas de cualquier opinión crítica es el popular y afamado “nadie sabe lo de nadie“. Citemos un ejemplo. Dos peruchos se encuentran conversando y uno comenta sobre la relación que mantiene su amigo Pepe con su novia Claudia diciendo “bueno, Pepe, en realidad, es un abusivo con la chica” a lo que su interlocutor le responde “Pepe, en verdad nadie sabe lo de nadie“. Esta frase funciona como un digno desactivador y censurador de cualquier opinión referida (en el ejemplo citado) a la situación de la pareja porque como “nadie sabe lo de nadie” entonces nadie podría opinar sobre nada. Aprovecho además para cual Ampay me salvo beneficiarme por la parada en seco que hago de la crítica hacia otro, para que no hagan lo mismo conmigo.
Sin embargo, en esa doble negación, pareciera que escondidamente nadie sabe lo de nadie significa que todos sabemos lo de todos. Curiosamente en nuestra choledad todos terminan queriendo saber o incluso sabiendo todo lo de todos. El “nadie sabe lo de nadie” se muestra entonces como el incentivo perfecto para desarrollar nuestras más feroces y magalyescas habilidades donde sacamos el papacholarazzi que llevamos dentro y lanzamos a nuestras huestes y urracos en busca de la información ajena. Sin embargo, esta frase chola también funciona como el parche perfecto que nos permite justificar conductas que nosotros también realizamos y que queremos proteger con el blindaje de un camión de Prosegur. Ese parche intenta tapar los baches de nuestras propias calles y carreteras que sentimos pueden ser atacadas por el otro.
Será que tanto el cholicomio o el “nadie sabe lo de nadie” son novedosas herramientas para fingir una guerra contra el chisme y el raje, dignos productos pioneros de nuestra choledad. Será acaso, como sugiere esta nota , que ¿“no hay identidad sin solidaridad y sin interés por saber lo que pasa más allá de nuestras narices. Solamente nos detenemos cuando hay un accidente en la carretera y olisqueamos para ver si hay muertos o heridos. El Perú pasa delante de nosotros y no nos interesa“?
Es cierto que como buena chola me gusta especular a veces, pero ojo sólo a veces acerca de la vidad de otros porque en realidad soy una chola cuasi autista, sólo pienso en mi.Saludos.