Viajamos en el metro londinense sumergidos en el aburrimiento que el Primer Mundo nos condena regala cachacientamente: nadie suda (aire acondicionado, salvo el “rush hour”, aunque aún así sudan en seco), nadie pela una naranja entera y bota los bordes blancos en el piso (respeto, que le dicen), nadie escupe por la ventana (pudor), nadie [...]